ARTE / Claroscuro
Por Susana Calvo Capilla
En 1784 se realizó la primera experiencia de vuelo en globo aerostático en España, inmortalizada por Antonio Carnicero a petición de los duques de Osuna. Aunque muchos científicos y visionarios (incluido Julio Verne, ya en el siglo xix) hacía tiempo que perseguían este proyecto, sólo en 1783 los hermanos Montgolfier consiguieron elevar y desplazar con éxito un globo con aire caliente cerca de Avignon. De ellos recibieron el nombre éstos ingenios. Tras los pioneros otras muchas tentativas se sucedieron, sustituyendo el aire por el hidrógeno y mejorando el sistema de calentamiento para que el aerostato no terminara en llamas. Innumerables ensayos acabaron en fracaso y los intrépidos aeronautas magullados, como el francés Bouclé en los jardines de Aranjuez.
No obstante, la carrera aeronáutica avanzó sin pausa y los aparatos sirvieron a la exploración científica y geográfica, tan de moda entonces, o incluso en la estrategia militar. Muchos españoles se sumaron a la fiebre de la navegación aérea después de las experiencias de los franceses en Aranjuez y Barcelona. Un joven llamado Domingo Badía, más conocido hoy como Alí Bey, inició sus audacias aventureras en la aerostática. En 1795, a los 25 años, escribió un «Ensayo sobre el gas y máquina o globos aerostáticos», con una dedicatoria para el ministro Godoy. Tres años más tarde, en Córdoba, él mismo construía un globo con licencia del Consejo Supremo de Castilla.
El proyecto se convirtió en una sucesión de calamidades que al final dieron al traste con su sueño. Una vez construido, una tempestad impidió hincharlo y causó muchos desperfectos. Durante las reparaciones se derrumbó el aparato y una nueva tormenta paralizó el proyecto. Un mes después de empezar su construcción pudo inflarse pero el viento impidió la salida. Hubo que esperar otro mes para intentar el vuelo. Al final, el 17 de julio de 1795 el fuego destruyó el ingenio. Después de tanto fracaso y antes de que su hijo se abriera la cabeza, el padre de Domingo logró que el Consejo le revocara la licencia. Pero Badía pronto se embarcó en otra aventura, la que iba a llevarle a África disfrazado de príncipe musulmán.
Para emprender su exploración recurrió a la ayuda de Godoy ya que, en su opinión, ésta podía tener ventajas políticas, territoriales y comerciales para España. Con tales argumentos convenció sin problemas al Príncipe de la Paz, aunque los objetivos científicos de la empresa pasaron a un segundo plano en favor de los políticos. Aún así el proyecto no fue ningún secreto de estado y apareció anunciado en el Diario de Madrid en 1801, lo que resultaba un tanto imprudente para alguien que iba a viajar bajo identidad falsa. El relato del primer viaje por Marruecos, comenzado en 1803, fue publicado en varias lenguas y tuvo gran éxito. Domingo Badía, Alí Bey, murió en la actual Jordania en 1818.