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Jueves, 13 de marzo de 2003

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Lengua / Etimologías

El zamuro o el samuro

Por Karim Taylhardat

Nadie ha dicho del zamuro lo que Rubén Darío admiró del cisne:

¿Qué signos haces, oh, cisne, con tu encorvado cuello
al paso de los tristes y errantes soñadores?

Lo llaman por infinidad de apodos o con muchedumbre de sinónimos: gallinazo, mercader, consejero, olaya, zopilote, jote. Se dice que pasa el zamuro de una a otra lengua transportado como los desechos de un náufrago, desde las costas al interior de las tierras. Jamás trabajan tras la puesta del sol, son audaces cuando se aproximan a los campamentos para robar comestibles, agarran a los pequeños caimanes y se los llevan a las «altas regiones del aire». Y al arrancar el día son bandadas de cuarenta a sesenta, encaramados a cocoteros, a los árboles sin hojas, a cualquier asomo que flote, y en densa fila, esa negra línea que construyen para dormir. Enfilados. El rey de los zamuros es el primero en acercarse al banquete, con un iris que es de un blanco puro; absoluto. Desciende en grandes círculos; y luego sobrevuela el resto la presa muerta, se abalanzan después, todos y en tumulto, y arrancan y despedazan hasta quedar henchidos, sin casi poder moverse y, si por casualidad, fueran atacados, regurgitan lo ingerido para poder despegar livianos hacia el cocotero.

Dentro de las creencias de personas y lugares, ocurre la de protegerse con la pepa (‘semilla’) de un zamuro, o con la piedra de zamuro o piedra de centella (asunto mítico), así como se cuelga en un zaguán una planta de zábila, como el grillo protege una casa y atrae la suerte los colmillos de los divinos caimanes, junto a la «tracción balsámica de la sarrapia, las pieles del caimán o las plumas de la garza.». Y así, en su El cancionero, lo narra Montesinos:

Samuro come bailando,
Y de costao, tiburón.

Y es zamuro el cometa, el que vuelan los niños cuando es triangular y sin cola. Y más sinónimos: cuervo, guaraguao; aura tiñosa en Cuba, por su cabeza calva; viuda, en Guatemala; en Colombia, chulo, galembo o chicora; en Uruguay, urubú. Tantas posibilidades como adquiere su vuelo en profundidad, a distancia o cercano a la carroña y el detritus. Y la descripción de Juan Pimentel, «zamuros que son tan dañinos como los cuervos en España». Y la multitud de fraseología: Zamuro come bailando; no gastar pólvora en zamuros; zamuro no come hueso porque no carga serrucho; zamuro no ve de noche; zamuro no cae en trampa ni chigüare en batea. Y es zamurada una bandada de zamuros. También recordó Inca Garcilaso a esas «aves grandes, negras, que los indios llaman suyuntu y los españoles gallinazas».

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