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Martes, 27 de marzo de 2001

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ARTE / Claroscuro

Bella anémona

Por Juan Carlos Ruiz Souza

Parece que la belleza es aún más bella si detrás se esconde la tragedia y, más aún, si se trata de la muerte. El argumento de grandes obras de arte, de la literatura, de la pintura, o de la música, desde las más remotas creaciones del hombre, ha girado en torno a la desgracia inminente de algún personaje o incluso en su irremediable óbito. Qué decir de los clásicos griegos, de Jorge Manrique, Federico García Lorca, Giacomo Pucini, o de Johann Sebastian Bach, en cuyas obras la muerte y la tragedia se ha sublimado en una belleza desbordante, indescriptible e insoportable. Nos guste o no, la «dama de la guadaña», es la que a la postre nos permite entender la esencia de la vida, pues nadie mejor que ella nos recuerda que todo es contingente y fugaz, y que debemos disfrutar de todos los momentos posibles, por muy pequeños e insignificantes que éstos sean.

En esta obra maestra del Veronés, se muestra uno de los grandes episodios de la mitología griega, el cual fue retomado una y otra vez por multitud de artistas a lo largo de los siglos. Adonis aparece durmiendo en el regazo de Venus, que estaba locamente enamorada del joven. Todo es perfecto, incluso Cupido sujeta a uno de los perros, para que no rompa la tranquilidad placentera de la pareja. Poco después comenzará la cacería del jabalí, en la que Adonis resultará herido por el salvaje animal, lo que ocasionará su muerte. Afrodita rota por el dolor, hizo nacer de la sangre derramada de su amado la bellísima flor de la anémona.

El trágico final de Adonis tuvo mucho éxito entre los escritores de todas las épocas y nacionalidades, y especial relevancia alcanzó entre las letras españolas. Hurtado de Mendoza, el conde de Villamediana, Tirso de Molina o Lope de Vega entre otros, dedicaron alguna de sus obras al mito griego, y lo que es más interesante aún, don Pedro Calderón de la Barca, de quien acabamos de celebrar el cuarto centenario de su nacimiento, escribió entre 1659 y 1660 su Venus y Adonis, con la particularidad de ser la primera obra creada en España para ser cantada en su totalidad.

El magnífico cuadro de Veronés, con sus ricos colores, con esa luz que traspasa la vegetación y baña de forma irregular el cuerpo de Venus, se cree que pudo ser traído por Velázquez desde Italia para la colección de Felipe IV. Seguramente, una vez que llegó el lienzo a Madrid lo pudieron ver Lope y Calderón, al igual que hoy, nosotros, en el Museo del Prado, ¿no es emocionante?

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