ARTE / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
Desde los tiempos de Adán y Eva a los más recientes de Blancanieves, la manzana, fruto sano donde los haya, a pesar de las bondades de las que goza y de estar siempre rodeada del amor, la historia no ha querido brindarle los laureles que se merece. Otra está detrás de la guerra de Troya, cuando en las bodas de los padres de Aquiles se produjo el famoso juicio de Paris, al tener éste que dar la manzana de oro, lanzada por la Discordia, a la diosa más bella entre Hera, Atenea y Afrodita. Paris se la dio a Afrodita la cual, en agradecimiento a su elección, le concedió el amor de Helena, mujer de Menelao, rey de Esparta. Paris la sedujo, la raptó, y se la llevó finalmente a Troya.
Las manzanas están también detrás del triste final de Hipómenes y Atalanta. Un oráculo avisó a Atalanta para que ésta desconfiase del matrimonio, y por lo tanto para que no se casase, pues en caso contrario le acaecería la desgracia. Debido a que era muy rápida, dijo que sólo se casaría con aquél que la venciera en una carrera, y además se reservaba el derecho de matar a todos los hombres a los que ganase. Hipómenes, locamente enamorado de ella pidió ayuda a la diosa del amor, a Venus. La estrategia seguida por el muchacho fue dejar en tierra las manzanas de oro del amor que le dio la diosa, las cuales además de encender la pasión en Atalanta, hicieron que ésta se detuviese durante la carrera para cogerlas, lo que produjo su derrota. Hipómenes no agradeció el favor, y Venus en venganza incitó a la pareja a que se uniese carnalmente en el templo de Cibeles. Dicha profanación provocó el enfado de la diosa de la agricultura, y el terrible castigo de la metamorfosis de ambos en los dos leones que desde entonces tirarían de su carroza.
Moraleja: Hay que tener cuidado con las manzanas si Cupido está cerca, pues a la larga pueden traer consigo funestas consecuencias...