Literatura
«Torero de la virtud» le llamó Nietzsche.
¿Torero? ¿Por qué? Los toreros ejecutan y no declaman.
Más pronto declaman los semitoreros, los aficionados.
Más que el torero, Séneca es el flamenco de la virtud.
En cierto sentido, cumple lo contrario de Sócrates. Sócrates: la ciencia suprema, sobriamente vestida de superficial afición a la ciencia. Séneca: la afición a la virtud, pomposamente disfrazada de virtud.
Tan pomposamente, que Séneca, en compañía de Lucano —y con dieciséis siglos de anticipación—, inventa un barroquismo.
14-IX-1918
Eugenio dOrs, El valle de Josafat, página 160. Edición de Ángel dOrs y Alicia García-Navarro. Madrid: Espasa-Calpe, 1998.