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Miércoles, 15 de marzo de 2000

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Lengua / Propuestas desvergonzadas

17. Ordinales severísimos

Por Ramón Buenaventura

Si no he entendido mal las instrucciones de la Academia, quien ocupa el puesto número 297 de una lista se halla en ducentésimo nonogésimo séptimo lugar. Peor lo tiene el 899, que sería octingentésimo nonogésimo nono. No creo que ningún ser vivo haya llegado a silabear nunca semejantes rebuscamientos. De hecho, ni siquiera es frecuente oír cosas como septuagésimo quinto o quincuagésimo cuarto. Los hispanohablantes no tenemos más remedio que pasar de los ordinales, porque la norma no nos permite utilizar la terminación en -avo a la que acudiría cualquier persona sensata para decir 999.º: novecientos noventa y nueveavo. Así de sencillo lo expresan los franceses, y más sencillo aún los anglos, con sus respectivos -ième y -th generalizados. Pero nosotros no. Nosotros reservamos el -avo para las partes de un todo (ochocientos veintitresavo sería cualquiera de las 823 partes en que estuviera dividido un todo). Se trata de una diferenciación completamente inútil, por no decir estúpida, procedente de una época en que casi nadie sabía contar mucho más allá de 99. Consecuencia: Autorícese el empleo de la desinencia -avo para designar tanto los ordinales como las fracciones.

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