«[...] Desgraciadamente, sólo un segundo Pierre Menard, invirtiendo el trabajo
anterior, podría exhumar y resucitar esas Troyas...Pensar, analizar, inventar (me escribió también) no son actos
anómalos, son la normal respiración de la inteligencia. Glorificar el ocasional
cumplimiento de esa función, atesorar antiguos y ajenos pensamientos, recordar con
incrédulo estupor que el doctor universalis pensó, es confesar nuestra languidez
o nuestra barbarie. Todo hombre debe ser capaz de todas las ideas y entiendo que en el
porvenir lo será.
Menard (acaso sin quererlo) ha enriquecido
mediante una técnica nueva el arte detenido y rudimentario de la lectura: la técnica del
anacronismo deliberado y de las atribuciones erróneas. Esa técnica de aplicación
infinita nos insta a recorrer la Odisea como si fuera posterior a la Eneida
y el libro Le jardin du Centaure de Madame Henri Bachelier como si fuera de Madame
Henri Bachelier. Esa técnica puebla de aventura los libros más calmosos. Atribuir a
Louis Ferdinad Céline o a James Joyce la Imitación de Cristo ¿no es una
suficiente renovación de esos tenues avisos espirituales?»
(Tomado de Ficciones, Madrid, Alianza,
1998, pág. 55.) |