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Miércoles, 23 de junio de 1999

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Dando clases

Por Daniel Samper Pizano

El latinoamericano que visita en España una ciudad de abundante población estudiantil —Alcalá, Salamanca, Santiago de Compostela— corre el riesgo de pensar que allí todos son profesores o fingen serlo. Esto es lo que permiten creer las frases que se escuchan a cada instante en bares, parques y cafeterías:

«Me marcho, porque tengo que dar clase de anatomía...» «Me voy, porque tengo que dar clase de derecho romano...» «Llegué tarde porque estaba dando clase de matemáticas...» Todos, hasta los más jóvenes, vienen de dar clase, o van a ello. Y el visitante se pregunta: ¿acaso no hay alumnos que reciban las clases que estos maestros dan? La respuesta es: la inmensa mayoría no son profesores que dictan clase, sino alumnos que acuden a ella. El problema es que existe una viciosa confusión entre dos verbos antónimos, dar y recibir, que se presta para inducir al error. Empecemos por decir que se necesita realizar dolorosas contorsiones mentales para conceder el mismo significado a los dos verbos. De hecho, siempre aparecen en contradicción, como en aquello de que «Es mejor dar que recibir». Difícilmente, en el uso cotidiano, es posible confundirse entre ellos. El que da, ‘entrega o participa’; el que recibe, ‘toma lo que a uno le envían’ (DRAE). No es lo mismo dar dinero que recibirlo; no es lo mismo dar un beso que recibirlo; no es lo mismo dar noticia de algo que recibirla; no es lo mismo —afortunadamente— dar una bofetada que recibirla. Así las cosas, cuesta trabajo entender cómo puede reemplazarse ‘dar’ por ‘recibir’ cuando se habla de clases. Pero este uso está extendido en España y, además, tácitamente aprobado por los sabios del idioma. En efecto, varios diccionarios, entre ellos el de la Real Academia Española y el de María Moliner, en el extenso apartado que otorgan al verbo dar incluyen la expresión «dar una clase» como dictarla o pronunciarla; pero también acogen la versión opuesta. Dice doña María: «Explicar una lección, explicar en una clase, pronunciar una conferencia [...] También, recibir la enseñanza en una clase o lección». Y la Academia: «14. Impartir una lección, pronunciar una conferencia o charla. 15. Recibir una clase». Las autoridades, pues, otorgan pasaporte de sinónimos ( A=B) a dar y recibir, cuando se trata de clases. Sin embargo, se trata de falsos sinónimos, porque si bien A=B, B no es igual a A. La prueba es que ningún profesor sale del salón diciendo «acabo de recibir una clase».

Extraño, sinuoso, tramposo ha de ser este trueque entre dar y recibir para que sea sinónimo de una sola vía.

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