ARTE / Claroscuro
Por Marta Poza Yagüe
El cuadro, pintado hacia 1642 para la Torre de la Parada, y perteneciente a las colecciones del Museo del Prado desde 1827, nos representa una imagen atípica del dios de la guerra. Marte, lejos de ser el personaje vigoroso de la mitología clásica, aparece ante nuestros ojos como un hombre maduro, cuya musculatura desarrollada en los años de juventud comienza a dar paso a unos tejidos flácidos que surcan de pliegues la zona del abdomen. Sentado en el extremo de lo que se ha identificado como una cama de campaña y cubierto únicamente por un paño azul que le rodea vientre y caderas, la sola presencia de elementos de indumentaria militar (como el casco o morrión en la cabeza, la bengala que sujeta con la mano derecha o el escudo, la espada y otras piezas de la armadura sobre el suelo) nos indica el oficio bélico del protagonista. Apoya la cabeza sobre la mano izquierda, en actitud reflexiva, mientras mira al espectador con aire de profunda melancolía.
Esta imagen entre satírica y desmitificadora de los grandes dioses y héroes del pasado no es nueva en Velázquez. El pintor sevillano ya la había empleado al tratar otros asuntos como Los borrachos o El triunfo de Baco, o en los retratos de Esopo y Menipo, en los que el autor evita la representación heroica o grandiosa de los protagonistas para revestirlos de una cercana cotidianeidad.
Son varias las explicaciones aportadas por los distintos investigadores. Para unos, la imagen del dios envejecido y reflexivo debe ponerse en relación con la derrota de los Tercios de Flandes en la batalla de Rocroy (1643), preludio de la decadencia militar española en los Países Bajos. J. Brown, en cambio, descarta una crítica tan directa de la realidad histórica del momento, poco propia de un pintor de corte tan cercano al rey, e interpreta el cuadro como una continuación del episodio narrado en La fragua de Vulcano, que Velázquez pintó durante su estancia en Roma en 1630. Según Brown, Marte quizá reflexiona sobre el modo en que han terminado sus relaciones con Venus: él, invicto en el campo de batalla, ha sido humillado y derrotado en el amor.