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Martes, 18 de junio de 2013

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CULTURA Y TRADICIONES

Huevos contra rocas: apodos burlescos y tonterías legendarias (2)

Por José Luis Garrosa Gude

Tal vez sea en el ámbito geográfico y cultural de Navarra y del País Vasco donde se cuenten más historias burlescas como las que estamos estudiando.

Así, en tierras estellesas, se cuenta lo siguiente, según lo publicado por Alfredo Asiáin Ansorena en su monografía Narraciones folclóricas navarras:

Hay una piedra alta y grande que le llamamos del Medio Huevo, porque dicen que la quisieron tirar con huevos y no lo consiguieron porque faltó medio. Y, por eso, a los de Olejua les llaman «medio huevo».

José María Iribarren, abogado, escritor y paremiólogo tudelano, relató en detalle la siguiente tradición, proveniente de Orbara, al norte de Navarra, en el capítulo titulado «Burlas de pueblo a pueblo» del volumen Retablo de curiosidades. Zambullida en el alma popular:

Volviendo a la Aézcoa, hallaremos un pueblo llamado Orbara, sito debajo de una peñaza suelta y amenazante que, según la leyenda, se desprendió del espinazo de la serranía.

En los valles vecinos se refiere que, cuando la peña llegó al borde del tajo donde se afinca, los orbaranos, temerosos de que se derrumbara sobre el pueblo, entonaron en la lengua de Aitor:

     Orbará, Orbará
berrendico parará.
(Párate, párate,
peña de Berrendi).

Y, persiguiendo deshacerla, la apedrearon ¡con huevos!

—¡Ya suda! ¡Ya suda! —clamaban animosos cuando el peñasco se llenó todo de chorretones.

Por su parte, de los habitantes de la localidad alavesa de Cripán se dice que intentaron construir un túnel que atravesara la sierra de Cantabria y que decidieron romper la peña de Montorte a huevazos, y desde aquel entonces se divisa, en lo alto del mencionado macizo, un gran boquete.

Sin salir aún de la provincia de Álava, encontramos una tradición relativa a los naturales de la localidad de Corro, publicada en 1921 por Andrés Aguirre en el artículo «Los tontos de Corro», del primer número del Anuario de la Sociedad de Eusko-Folklore:

En otra ocasión les dio la ventolera de romper con huevos la peña llamada «La Calleja de encimera» situada no lejos del pueblo, y en efecto lo consiguieron, pues todavía muestra una abertura y el color amarillo de las yemas en los bordes de ella.

Hasta aquí algunos de los ejemplos que hemos recogido dentro de nuestras fronteras; pero, aunque podamos considerar estas leyendas como muy características del folclore lítico hispánico, también hemos hallado un ejemplo portugués, de Linhó, cerca de la bellísima Sintra, lo que le da a este fenómeno, cuando menos, una dimensión de alcance ibérico. En 1860 se publicaba en un semanario ilustrado de Lisboa, el Archivo Pittoresco, esta leyenda sobre el llamado «Penedo dos Ovos», que traducimos a continuación:

Era un rumor continuo en aquellos lugares que debajo de la enorme piedra existía un «tesoro encantado», que solo se descubriría ante quien consiguiera derribar la piedra mediante el lanzamiento de tantos huevos como fueran suficientes para conseguir tal hazaña. Nadie lo intentaba; pero un día, cierta vieja del lugar quiso emprender esa tarea, y se aprovisionó de todos los huevos que pudo reunir durante muchos días y comenzó a tirarlos sobre el formidable peñasco. Al haber agotado, sin embargo, todas las municiones, sin poder romper el encanto, y como le faltaban medios para adquirir aún más proyectiles, abandonó la empresa y, no obstante, quedaron en la piedra, y aún hoy se ven allí, las señales del tiroteo que efectuó la vieja, en las manchas amarillas que cubren uno de los lados del peñasco, manchas que los viejos y los niños del lugar afirman que son ¡las yemas de los huevos que allí quedaron! Un musgo amarillento, que cubre la parte meridional del peñasco, aviva esta creencia de los honrados linholenses.

Debemos concluir aquí nuestra ruta por este puñado de poblaciones desacreditadas por una chanza que se repite intacta a pesar de las inevitables variaciones que imprime la transmisión oral, pero animamos a los lectores de estos dos rinconetes a que comuniquen en nuestro buzón más variantes de este simpático entramado legendario.

Nos resta ahora la tarea más ardua, esto es, buscar una razón para la persistencia de estas leyendas burlescas. ¿Qué es lo que realmente se esconde bajo estas supuestas anécdotas disparatadas? Será complejísimo, pero también apasionante, hallar el tesoro oculto, trazar el paso entre montañas o liberar al ave aprisionada que representan, a buen seguro, algo más que un hiriente tópico geográfico sobre gentes tenidas por estúpidas y comprender el mensaje cifrado que ha llegado a nosotros, desde un tiempo remoto, en forma de sugerentes símbolos.

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