PATRIMONIO HISTÓRICO
Por José Miguel Lorenzo Arribas
«Otras veces / de grafito era mi sangre / y llegaba a ti / en forma de carta», canta Enrique Villareal, el Drogas, en uno de los temas de La tierra está sorda (2009), disco firmado por el grupo de rock navarro Barricada, dedicado a la memoria de las víctimas republicanas de la Guerra Civil española. Aunque hasta ahora nos hemos centrado más en los grafitos históricos incisos, también los hay de grafito-grafito, aquel al que remite la propia definición del término que ofrece el DRAE, como ya se vio en el primer rinconete de esta serie.
En el norte de la provincia de Soria hay una región cuyo topónimo tiene reminiscencias tolkienianas: Tierras Altas. Altas lo son, pero no por sus alpinas cumbres, afilados penachos o escarpes imposibles, sino porque alta es ya de por sí toda la provincia de Soria, que supera la media de mil metros, y por estos pagos septentrionales de la misma aumenta. Buen aire, dirán. Pues sí. Pues sí. En Valtajeros, una de sus bellas localidades, ornada en este caso con sorprendente iglesia-fortaleza románica, dicen que nace el viento… En dicha comarca, cuya capitalidad ostenta San Pedro Manrique, pueblo de Móndidas y Paso del Fuego, tradición de las más «románticas» y de trazas ancestrales que se conservan en las fiestas solsticiales de San Juan (y a las que les prestara singular atención don Julio Caro Baroja), hay una serie de pueblos abandonados, media docena de los cuales pueden visitarse en ruta a pie en un simple fin de semana, por la escasa distancia que los separa. Uno de ellos, Vea, con la iglesia colapsada, mantiene como puede la dignidad de su ruina. Con la cubierta en el suelo, los morteros de sus revestimientos heridos de muerte, espera la noche de invierno (estas cosas suceden durante las noches más largas, cual en los relatos de Julio Llamazares) en que un crujido brutal anuncie que todo ha acabado, aunque nadie haya que oiga el crepitar último de una construcción edificada, su postrera exhalación.
No sé si puede considerarse histórico a un grafito de hace medio siglo. Pasa con todo, y la porosa frontera entre lo antiguo y lo viejo, la pugna para alcanzar el relumbrón del prestigio del adjetivo «histórico», depende de demasiadas consideraciones, subjetivas. Aquí vamos a considerarlo así, no tanto por su cronología, sino porque viene a ser el epitafio de toda una época, de varios siglos a los que se certifica a lápiz el acta de defunción.
Día 21 de octubre de 1962.
Se ba terminando el pueblo ya se
ha terminado la fiesta que no sé si habrá
más año porque desaparecen unos 90% 10 (sic)
de los vecinos.
Firma Marcos León
Vea.
Un grafito entre los otros muchos escritos en el espacio del antiguo coro del templo. Los mozos, protagonistas siempre de su redacción («Están hablando menos rezar. El que a puesto esto reza menos que nosotros. Viva yo. Tendrán que [hacer] tres ymaginarias y después les ducharán con agua fría»; «Día 30 de Mayo. Los Mosos De Vea Todos al Rosario Como Debotos de La Virgen de Los Remedios. Firma del que lo a Escrito: Mosos de Vea »; «Fuimos 6 mozos a rosario como buenos muchachos solos»; «Mañana San José, todos a misa como lo manda la Ley, a comulgar todos los pecados», «9 de may[o] de 1936», «día 10 de mayo de 47»), quedan como huellas de la vida de un pueblo que sucumbió.
Vea se enclava en la hoy desértica Sierra de Alcarama, comarca que tiene una densidad poblacional de 2 hab./km2, la misma que el Sáhara Occidental. Efectivamente, y volvemos al comienzo, el grafito era de sangre, aunque se escribiera a lápiz. Brotaba vida a borbotones. La misma que se fue a la ciudad con el éxodo rural y no volvió, como el divino tesoro de la juventud del verso de Rubén Darío. Una sangría, que no transfusión, inscrita «lapidariamente» en una dramática carta mural que no encontró destinatario.