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Martes, 21 de junio de 2011

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ARTE / Claroscuro

Los niños de la concha

Por Mónica Ann Walker Vadillo

En el proceso evolutivo del sentir religioso del siglo xvii, el fervor católico se encuentra cada vez más atraído por los temas de la infancia de Cristo y de San Juan Bautista. A pesar de que San Juan no vio a Cristo desde que lo adoró en el vientre de su madre hasta que lo bautizó en el Jordán, en numerosas obras que representan la infancia de Cristo se incorpora a San Juanito, por lo menos desde el Quattrocento florentino. Las razones que se dan respecto a esta introducción se basan en el hecho de que San Juan Bautista era uno de los Santos Patrones de Florencia. Reducirlo a niño y así acercarlo al pequeño Jesús satisfacía ciertos deseos que los florentinos fueron los primeros europeos del Renacimiento en sentir. Sin embargo, este tema distó mucho de ser un tema florentino o renacentista en sí, y tuvo una rápida difusión por toda la Europa católica.

Murillo pinta Los niños de la concha entre 1670 y 1675. Se ha querido ver en la composición de este lienzo una copia de la obra de Guido Reni y por ende la posible influencia directa del artista italiano en Murillo. Sin embargo, la obra de Guido Reni procede de una estampa original de Annibale Carraci, lo que hace suponer que Murillo, más que un especial interés por el estilo de Guido Reni, lo que nos muestra es el eco que se hace del ambiente religioso de la escuela pictórica boloñesa, creadora, como es sabido, de temas de la más amplia difusión.

Nos encontramos ya en uno de los periodos de gran actividad del artista sevillano. La obra nos muestra al niño Jesús dando de beber con una concha a San Juan Bautista. Las figuras están acompañadas por los símbolos que las identifican. Así, por un lado tenemos a San Juanito sosteniendo la cruz de su martirio, vestido con la piel de camello y acompañado por un cordero. En la filacteria que rodea la cruz se puede leer «Ecce Agnus Dei», la cual alude a las palabras de Juan Bautista, quien llamó a Cristo el Cordero de Dios. El niño Jesús aparece de pie y en un plano superior al de San Juanito y alrededor de su cabeza se abre un fondo de Gloria, el cual puede aludir a su naturaleza divina.

El escenario de esta obra no es excesivamente grande y los protagonistas pasan a primer plano ocupando casi todo el lienzo. Persiste en este cuadro la ordenación decreciente del grupo de los personajes, pero Murillo la enriquece ahora cruzándola con la formada por el cordero situado en el primer plano y el grupo de ángeles que, muy esfumados y desplazados hacia la derecha, contemplan la escena. La incorporación del cordero a la escena de toque íntimo y la concentración expresiva del grupo tienen por centro un nuevo motivo: el de San Juanito bebiendo las aguas del Jordán en la concha. Esta representación no deja de ser una especie de prefiguración del bautismo de Cristo por parte de San Juan Bautista con una concha en el río Jordán.

Los niños de la concha nos muestra ante todo el gusto de Murillo por los temas infantiles, que le permite interpretar de forma admirable estas historias evangélicas de la infancia puestas de moda por el nuevo sesgo de la piedad de su tiempo.

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