CULTURA Y TRADICIONES
Por Josefina Cornejo
Pedro de Alvarado nació en Badajoz en 1485 y falleció en la Guadalajara mexicana en 1541. Participó, junto a Hernán Cortés, en las conquistas de Cuba, México, Guatemala, El Salvador y Honduras. Cuenta la leyenda que era un hombre ambicioso y violento, rubio y de elevada estatura; los indígenas le apodaban «el Sol». Personaje oscuro y controvertido, su nombre se vincula a matanzas y crueldad extrema en sus campañas en Centroamérica. Sus empresas militares le granjearon el favor de Carlos V, quien en 1527 le nombró gobernador de Guatemala. Este pequeño país mesoamericano le rinde un particular «homenaje»: una de las más típicas expresiones rituales del folclore indígena es una peculiar danza que rememora la ocupación española de los territorios descubiertos y sus moradores, los quichés. El ritual: el baile de la conquista. La peculiaridad: el relato de la conquista desde el punto de vista de los derrotados.
El baile nos traslada, pues, a la América Central del siglo xvi y nos sumerge en una historia que combina hechos históricos y la mitología maya. Su origen no se conoce a ciencia cierta. Algunas fuentes señalan que las comunidades de la comarca quisieron obsequiar, con motivo de su cumpleaños, al anciano y enfermo Francisco de Marroquín, primer obispo de Guatemala, que había llegado al país acompañando a Alvarado en 1530. Le habrían encargado al dominico Jerónimo Román que escribiera un drama que pudiera representarse al aire libre. El texto comienza con la llegada de los españoles a tierras mayas. El rey quiché solicita la ayuda de su heredero, el valiente Tecún Umán, para que lidere la heroica defensa de su pueblo. El enfrentamiento entre los nativos y los llegados de ultramar culmina con la lucha cuerpo a cuerpo entre ambos líderes en la batalla de los Llanos del Pinal. Tecún clava su lanza en el caballo de Alvarado. Este logra levantarse y dar muerte al príncipe. Abatido, el rey ordena deponer las armas y acepta la conversión al cristianismo. A ritmo de tambores y flautas, esta es también la historia que escenifica el baile de la conquista. Los danzantes llevan a cabo una pintoresca coreografía de movimientos pausados y diálogos que simula el proceso de la conquista de los indígenas. El rito concluye con vencedores y vencidos encaminándose juntos a la iglesia.
Los personajes de esta manifestación de música y danza se dividen en dos grupos: los cristianos, con Alvarado al frente, y los mayas, encabezados por Tecún Umán. Los primeros visten trajes austeros, mientras que los segundos se engalanan con elaborados y coloridos trajes cubiertos de ricos bordados, espejos, piedras preciosas y motivos mitológicos. Todos ellos portan armas y escudos y ocultan el rostro tras vistosas máscaras de madera. Las de aquellos, de piel pálida, tienen la barba rubia y el semblante serio y fiero, mientras que las de estos, de tez más morena y adornadas con plumas, los muestran en actitud sonriente. El rey quiché presenta una singularidad: al igual que la del invasor, su piel es pálida y su cabello, rubio, mas los ojos son oscuros. Esta combinación podría aludir a la función de transición que desempeña el personaje, ya que es quien ordena fidelidad a la Corona española y conversión a la fe católica.
Existen distintas teorías interpretativas sobre el baile. Para unos, el ritual habría servido para auxiliar en el sometimiento y la evangelización de los infieles emprendidos por los españoles. Para otros, el valiente Tecún, víctima de los crueles conquistadores, se habría sacrificado por la libertad de su pueblo. Su mito creció durante cuatrocientos años de colonización como símbolo de libertad y protector de su tierra y sus gentes. Convertido en un héroe popular, hasta el quetzal parece honrarle: a tenor de la leyenda, el ave se posó sobre la sangre del moribundo príncipe, tiñendo de rojo su pecho.