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Lunes, 14 de junio de 2010

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CULTURA Y TRADICIONES

Qué chapa (2)

Por Irene Cuervo

Entonces, ¿cuál es la antigüedad del juego de las chapas? Después de haber investigado durante un tiempo prudencial, debo reconocer que no lo sé, aunque en todo caso su creación ha de ser más bien tardía, es decir, reciente, pues es fruto de la intersección de al menos otros dos inventos: primero, el de la chapa misma, es decir, el tapón corona que cierra las botellas de vidrio; segundo, el del fútbol profesional (o el del ciclismo profesional, para quien practicara la otra modalidad de chapas, de exterior, con circuitos de arena, disponible en casi todos los parques). El problema es ciertamente complejo, pero podemos establecer, sin miedo a equivocarnos, que en la última década del xix ya existían simultáneamente el fútbol y las chapas de las botellas.

¿Se jugaba al fútbol-chapa ya por aquel entonces? Casi seguro que no; al menos no está documentado hasta mucho más tarde. Porque ese otro aburridísimo juego (de apuestas) de las chapas que desde 1884 aparece en el DRAE no tiene nada que ver: consiste simplemente en tirar al aire dos monedas de cobre, de las antiguas perras gordas; si salen dos caras, quien las ha tirado «gana a todos y sigue tirando» (¿?); si salen dos cruces, pierde y deja de tirar; si salen una cara y una cruz, el jugador ni gana ni pierde, pero continúa lanzando las monedas, se supone que hasta que se aburra o hasta que le salga otro resultado diferente. Seguramente a este último juego, prohibido durante mucho tiempo y muy popular en Castilla y León —consulten las hemerotecas: la Junta concedió en 2008 hasta ciento cincuenta y nueve autorizaciones para jugar durante la Semana Santa—, se refieran Valera o Baroja en sus novelas; o incluso, mucho más tarde, Arturo Barea, cuando, en La forja de un rebelde, recuerda que «Hoy Madrid está lleno de chicos de éstos, con su carterilla al hombro, montados en los topes de los tranvías o jugándose a las “chapas” las propinas en medio de la calle». Y en otra forja distinta, La forja de un ladrón, Francisco Umbral aclara, por si hubiera lugar a confusiones, que «los chicos de entonces» habían encontrado «un sitio donde jugar a las chapas —de dinero—».

En cuanto a nuestro juego, el de las chapas de fútbol (o de ciclismo), no figura en el Diccionario hasta 1989, sin mucho detalle: «Juego infantil en que se utilizan las chapas de las botellas». Más de veinte años antes de eso, parece que Juan Benet ya conocía la variante ciclista, pues en Volverás a Región (1967) se habla de esas «chapas de botella de cerveza con las que se desarrollaba el combate entre un yo incierto, torpe y tímido y un adversario desdoblado, idealizado y magnificado que las hacía correr con precisión y seguridad». En cuanto a la versión balompédica (o garbanzochápica), no es difícil relacionarla con el fútbol de mesa, el conocido Subbuteo desarrollado por Peter Adolph entre 1946 y 1947 y muy popular en España en los años setenta y ochenta.

Ahora entren en http://www.ligafutbolchapas.com/. No encontrarán allí ningún dato concluyente acerca del origen del juego, pero sí podrán leerse la cuarta edición del Reglamento Oficial de la Federación (2008), de treinta y dos páginas; descargar fotografías de los torneos y vídeos de jugadas inverosímiles; conocer las tácticas de defensa y de ataque; aprender a construir campos y porterías o a confeccionar equipaciones oficiales para la competición; o consultar algunas noticias relacionadas con el sector. Por ejemplo: un artículo de Blanca Salvatierra en el diario Público (18 de junio de 2008) donde se anuncia la inminente salida al mercado de PlayChapas Football Edition, un videojuego español diseñado para la consola PSP.

Sí. Chapas en el parque o en la alfombra vs. chapas en la pantalla; juegos de antes vs. juegos de ahora; etc. Y qué tentador sería continuar por ese camino.

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