ARTE / Claroscuro
Por Elena Paulino Montero
Mariano Fortuny murió a la temprana edad de 36 años en 1874, tras haber alcanzado un gran prestigio como pintor y gozando de un alto reconocimiento internacional, tal y como demuestra el elevado precio (9500 francos) que se pagó por este cuadro en la subasta celebrada en 1875 en París, sobre todo si tenemos en cuenta que en el momento de la venta la obra estaba inacabada.
El cuadro fue realizado hacia 1872, momento en el que el pintor se encontraba viviendo en Granada, en la casa que alquiló en la calle del Realejo, al pie de la Alhambra, donde pasó los años más felices y tranquilos de su vida. Durante estos años realizó una serie de cuadros vibrantes y llenos de luz en los que se puede apreciar, por una parte, la influencia de la pintura francesa y del impresionismo y, por otra, la herencia velazqueña. A menudo se ha comparado este cuadro con las Vista del jardín de la Villa Medici de Roma de Velázquez, por su similar composición, con los cipreses frente a un muro, cortados en su parte superior, y por la magistral alternancia de luces y sombras que dan profundidad al cuadro y que conducen hasta el surtidor del fondo.
Pero este cuadro, tal y como lo apreciamos hoy, no fue obra exclusiva de Mariano Fortuny: su cuñado y amigo Raimundo de Madrazo la completó varios años después de su muerte, hacia 1877. Fortuny la había dejado inacabada, con la figura del perro tendido que pensaba incluir apenas esbozada; no obstante, se conservaban numerosos estudios y aguafuertes sobre figuras de perros durmiendo, que Madrazo tuvo muy en cuenta a la hora de finalizar el cuadro.
Madrazo no sólo se limitó a completar la obra de su cuñado siguiendo sus modelos previos, sino que le añadió su propia visión de la obra y del arte. En primer lugar introdujo la figura de la mujer, Cecilia Madrazo, hermana de Raimundo y viuda de Fortuny. Con la adición de la figura femenina el cuadro cambió por completo el tono y adquirió un nuevo aire más íntimo y delicado. Además, Madrazo modificó también la sombra del primer plano convirtiéndola en una franja uniforme para dar coherencia a la nueva composición.
El hecho de que Madrazo interviniese en una obra de Fortuny no era nuevo. Por ejemplo en el cuadro más famoso de este último, La Vicaría, Madrazo corrigió los pies de alguna de las figuras. Pero en este caso no se trataba de una mera colaboración bajo la supervisión del autor de la obra, sino de una auténtica transformación del cuadro, completamente fuera del control del primer autor, aunque sin perder la esencia original. Habría que mencionar, además de a los dos artistas, a una tercera persona que no fue ajena a esta transformación pictórica. Se trata de Ramón de Errazu, empresario, coleccionista y amigo de ambos artistas, que compró la obra de Fortuny en la subasta celebrada tras su muerte. Los cambios realizados en el cuadro, además de ser aportaciones propias y novedosas de Madrazo, eran acordes al gusto del nuevo propietario de la obra que, cuando la legó al Museo del Prado, especificó esta doble autoría: «El jardín de la casa que ocupó Fortuny, en Granada; la figura que representa la Señora de Fortuny y el perro fueron pintados después de muerto Fortuny por don Raimundo de Madrazo, quedando pues todo el país pintado por Fortuny al óleo».