Arte / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
Poca, muy poca, es la pintura de la escuela británica que se conserva en el Museo del Prado. Sin duda la rivalidad existente a lo largo de la Edad Moderna entre los intereses españoles y británicos en América y en Europa, y el enfrentamiento bélico existente entre ambas naciones en varias ocasiones a lo largo de los siglos xvi, xvii, xviii y xix, explican la ausencia de cuadros de muchos de los mejores artistas ingleses en las colecciones españolas, al igual que ha sucedido con los pintores holandeses.

Thomas Gainsborough (1727-1788): El médico Isaac Enrique Sequeiro (detalle)
Lienzo, 127 x 102 cm
Núm. de inventario: 2979
En este delicioso cuadro, excepcional en la colección del Prado, del que fuera médico del célebre retratista británico, vemos a la perfección las características de su elegante y poético arte. Gainsborough fue capaz de recoger la magistral lección de los retratistas flamencos del siglo xvii, entre los que debemos señalar a Antón van Dyck por la repercusión que tuvo en la pintura inglesa. El artista flamenco vivió en Londres durante varios años junto al rey Carlos X, y durante su estancia realizó decenas y decenas de retratos de la monarquía y nobleza británica.
Thomas fue hijo de un comerciante de Suffolk, y a partir de 1740 lo encontramos trabajando en Londres, donde estudia, copia y restaura pintura flamenca. Se interesa por la temática del paisaje y se familiariza con las obras de Hayman y Hogarth conocidas como «Conversation pieces», en las que miembros de las familias adineradas inglesas aparecían plácidamente representados al aire libre en medio de un escenario natural. A partir de mediados de siglo aparece instalado en su ciudad natal de Sudbury como retratista. Después lo encontramos en Ipswitch y en Bath. Poco a poco va perdiendo su atracción inicial por la pintura de paisaje frente al arte del retrato, por el que aumenta su interés sobremanera tras estudiar directa y minuciosamente la obra de Van Dyck. Fue miembro fundador de la Royal Academy en 1768, lo que sin duda influye para que años más tarde se traslade a la capital londinense, donde transcurre su última etapa. Rivalizó con el otro gran retratista del momento, Joshua Reynolds, sin perder el carácter naturalista de sus pinturas.