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Martes, 24 de junio de 2008

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Arte / Claroscuro

Tomas Gainsborough

Por Juan Carlos Ruiz Souza

Poca, muy poca, es la pintura de la escuela británica que se conserva en el Museo del Prado. Sin duda la rivalidad existente a lo largo de la Edad Moderna entre los intereses españoles y británicos en América y en Europa, y el enfrentamiento bélico existente entre ambas naciones en varias ocasiones a lo largo de los siglos xvi, xvii, xviii y xix, explican la ausencia de cuadros de muchos de los mejores artistas ingleses en las colecciones españolas, al igual que ha sucedido con los pintores holandeses.

Ilustración. Thomas Gainsborough (1727-1788): «El médico Isaac Enrique Sequeiro» (detalle)

Thomas Gainsborough (1727-1788): El médico Isaac Enrique Sequeiro (detalle)
Lienzo, 127 x 102 cm Núm. de inventario: 2979

En este delicioso cuadro, excepcional en la colección del Prado, del que fuera médico del célebre retratista británico, vemos a la perfección las características de su elegante y poético arte. Gainsborough fue capaz de recoger la magistral lección de los retratistas flamencos del siglo xvii, entre los que debemos señalar a Antón van Dyck por la repercusión que tuvo en la pintura inglesa. El artista flamenco vivió en Londres durante varios años junto al rey Carlos X, y durante su estancia realizó decenas y decenas de retratos de la monarquía y nobleza británica.

Thomas fue hijo de un comerciante de Suffolk, y a partir de 1740 lo encontramos trabajando en Londres, donde estudia, copia y restaura pintura flamenca. Se interesa por la temática del paisaje y se familiariza con las obras de Hayman y Hogarth conocidas como «Conversation pieces», en las que miembros de las familias adineradas inglesas aparecían plácidamente representados al aire libre en medio de un escenario natural. A partir de mediados de siglo aparece instalado en su ciudad natal de Sudbury como retratista. Después lo encontramos en Ipswitch y en Bath. Poco a poco va perdiendo su atracción inicial por la pintura de paisaje frente al arte del retrato, por el que aumenta su interés sobremanera tras estudiar directa y minuciosamente la obra de Van Dyck. Fue miembro fundador de la Royal Academy en 1768, lo que sin duda influye para que años más tarde se traslade a la capital londinense, donde transcurre su última etapa. Rivalizó con el otro gran retratista del momento, Joshua Reynolds, sin perder el carácter naturalista de sus pinturas.

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