Arte / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
De nuevo nos hallamos ante un lienzo adquirido en 1993 con los fondos del legado Villaescusa, después de haber aparecido en el mercado de obras de arte en los años ochenta del siglo pasado en las sedes neoyorquina y londinense de la casa Sotheby’s.
En esta ocasión nos centraremos en la Sagrada Cena del pintor toledano Luis Tristán. El tema tuvo gran profusión en el ambiente de la Contrarreforma por el significado trascendente que mostraba la escena al aludir directamente a la «salvación y perdón de los pecados» mediante la comunión del cuerpo y sangre de Cristo encarnada en la bendición del pan y del vino. La Santa Cena constituye por lo tanto el preámbulo de la Pasión, es uno de los episodios esenciales de la Historia Sagrada que se rememora a cada momento en la liturgia católica mediante el sacramento de la Eucaristía, al hacerse presente el cuerpo y sangre de Cristo en el misterio de la misa mediante la transubstanciación del pan y del vino.
Aunque es raro el pintor de renombre que no haya pintado la escena a lo largo de toda la Edad Moderna. La iconografía suele ser siempre muy parecida, al aparecer Cristo en el centro de la composición rodeado por sus discípulos o apóstoles en el momento de la bendición del pan y del vino, o bien en el instante en el que anuncia que va a ser traicionado por uno de ellos, tal como se relata en los Evangelios. En este lienzo se alude tanto a la bendición, tal como se refleja en la actitud de Cristo, como a la traición de Judas, al aparecer este a la izquierda del cuadro portando de forma ostensible la bolsa con las monedas.
La Santa Cena se convierte en uno de los temas más debatidos de la religión cristiana. Aunque celebra la Pascua judía que conmemora el «éxodo» de la población hebrea de Egipto, Cristo la convierte en el inicio de una «Nueva Alianza» o religión entre Dios y los hombres. El problema surge a lo largo de la Edad Media ya que frente al catolicismo que siempre ha considerado que el dogma de la Transubstanciación hacía posible que el pan y el vino se convirtieran en la sangre y cuerpo de cristo, surgieron multitud de movimientos heréticos que lo negaban, lo que ocasionó la celebración de importantes concilios. Así durante el siglo xii en el tercer y cuarto Concilio de Letrán se condenaron las herejías de los valdenses y de los cátaros, y además se constituyó la comunión obligatoria anual. En el siglo xv el Concilio de Constanza condena el wyclefismo y el husismo, y un siglo más tarde el de Trento hará lo mismo respecto a luteranos y calvinistas. La contrarreforma impulsa desde la segunda mitad del siglo xvi todos aquellos temas iconográficos alusivos a la Eucaristía, al Santísimo Sacramento, a la Santa Cena, a la Misa de San Gregorio, y en un paso siguiente asistiremos a la monumentalización de los «Transparentes» en los presbiterios de los templos católicos más importantes.
Aunque nada sabemos sobre la historia particular de este cuadro de Luis Tristán, sabemos que el pintor toledano trató el tema en otras ocasiones, caso de la Santa Cena conservada en la Capilla de las Reliquias de la iglesia parroquial de Cuerva (Toledo).