Arte / Claroscuro
Por Susana Calvo Capilla
El Tríptico de la Adoración de los Reyes Magos fue pintado por Hans Memling (m. 1494) entre 1472 y 1475, según parece por encargo de Jan Crabbe, abad de la abadía de Ter Duinen de Koksijde (Bélgica). Memling ya había realizado otro tríptico para este personaje en 1472, el de la «Crucifixión», donde el abad aparecía retratado a los pies de la cruz con su hábito cisterciense. La prueba de su mecenazgo en el caso del tríptico madrileño está en los retratos que aparecen en esta tabla lateral de la Presentación del Niño en el Templo. Se trata de dos personajes, una mujer anciana y un joven vestido de negro, integrados en la escena como dos protagonistas más, junto al sacerdote, a la Virgen, al Niño y a San José (vestido de rojo), si bien sólo ellos van vestidos de época. Se trata de las mismas personas que aparecen en las puertas del citado Tríptico «de Jan Crabbe», hoy desmembrado entre el Museo Cívico de Vicenza y la Biblioteca Pierpont Morgan de Nueva York: su madre Anna Willemszoon, acompañada de Santa Ana, y su sobrino Willem de Winter, con San Guillermo de Maleval. Memling practicó con asiduidad y dando muestras de absoluta genialidad el género del retrato, unas veces formando parte de escenas religiosas y otras de manera independiente, como empezaba a ser habitual en el Renacimiento.

Hans Memling (1433-1494): Presentación del Niño en el Templo (detalle)
Tabla, 95 x 63 cm
Núm. de inventario: 1557
Por la puerta abierta del Templo pueden verse una plaza y una torre al fondo, un paisaje urbano típicamente flamenco. Podría tratarse de Brujas, ciudad donde vivía Memling desde 1465. Aunque nació en Maguncia y se formó en Bruselas, en el taller de Roger van der Weyden, a quien tanto debe el estilo y la composición de este tríptico, se estableció como Maestro pintor en Brujas. Al llegar hubo de comprar su ciudadanía para ejercer la profesión, lo que prueba que en ese momento era ya un pintor de cierto prestigio y que contaba con tener una buena clientela de inmediato. Así fue, puesto que comenzó a recibir encargos retratísticos, al principio de la colonia de ricos comerciantes italianos, y religiosos de las diversas cofradías y hospitales de la ciudad. Memling no solo se enriqueció sino que, además, consiguió introducirse en los círculos más distinguidos de Brujas al ingresar en 1473 en la Cofradía de la Virgen de la Nieve, del gremio de los sastres pero abierta al resto de profesiones.
Además de las obras del Museo del Prado (ya tratamos de La Virgen y el Niño entre dos ángeles), existía en España un políptico dedicado a la «Coronación de la Virgen», hoy perdido salvo en tres de sus tablas. Fue encargado por comerciantes castellanos, probablemente en 1490, para la iglesia del monasterio de Santa María la Real de Nájera (La Rioja). En efecto, al final de su carrera era tal la fama de Hans Memling fuera de Brujas que recibió encargos de comerciantes alemanes y españoles que querían volver a su patria llevando consigo obras suyas.