Literatura
Por Alexander Prieto Osorno
La última hornada de narradores peruanos sigue, en general, la tendencia latinoamericana de los años noventa de «sepultar» el realismo mágico y la literatura con conciencia política. Con notables excepciones, la mayoría de estos nuevos escritores centran sus historias en la marginalidad social, sexual y económica, y abundan novelas sobre homosexuales, travestis y delincuentes que se mueven en las dos caras del Perú actual; por un lado, la pobreza extrema, la violencia y el analfabetismo, y por el otro, la postmodernidad y la globalización en que vive la pequeña élite económica del país.
Sin embargo, los dos autores más notables de esta generación escapan al tópico de los personajes marginales. Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, 1964) marca la diferencia al rastrear las recientes crisis políticas y económicas de Perú a través de los ojos de los jóvenes en Los años inútiles y El año que rompí contigo; y Fernando Iwasaki (Lima, 1961) explora otras realidades de su país con ensayos como Inquisiciones peruanas y con su novela Libro de mal amor.
Entre tanto, la ironía, el humor y el desenfado, junto a la experimentación con el lenguaje y la estructura narrativa, caracterizan las obras más leídas de la nueva generación de autores, que han sido descritas por los críticos como «literatura de jóvenes para jóvenes». Algunos ejemplos son Iván Thays (Lima, 1968) con El viaje interior; Javier Arévalo (Lima, 1965) con El beso de la flama; Carlos García Miranda (Lima, 1968) con Cuarto Desnudo; Óscar Malca (Lima, 1968) con Al final de la calle; y el presentador de televisión Jaime Bayly (Lima, 1965) con No se lo digas a nadie y La noche es virgen, novela ganadora en España del Premio Herralde 1997.
Otros autores contemporáneos con temas y estilos diversos son Carlos Herrera (Arequipa, 1961) con Blanco y negro y Crónicas del argonauta ciego; Patricia de Souza (Cora-Cora, Ayacucho, 1964) con las novelas Cuando llegue la noche y La mentira de un fauno; Teresa Ruiz Rosas (Arequipa, 1956) con El copista; Enrique Prochazka (Lima, 1960) con la original Un único desierto; y Enrique Planas (Lima, 1970) con Orquídeas del paraíso y Alrededor de Alicia.
Ante la profusión de jóvenes escritores con libros que desatan polémicas y escándalos, de los cuales hacen eco los medios masivos de comunicación, los críticos lamentan la desatención que han sufrido algunos autores muy interesantes de generaciones anteriores, pero que publicaron sus mejores obras en la década de los noventa. En especial, se refieren a Oswaldo Reynoso (Arequipa, 1931) cuya novela Los eunucos inmortales ha sido calificada como «extraordinaria»; Edgardo Rivera Martínez (Jauja, 1933) con País de Jauja y El libro del amor y de las profecías; y Miguel Gutiérrez (Piura, 1940) con La violencia del tiempo, La destrucción del reino y Babel, el paraíso.
No obstante, el «realismo sucio» y los personajes marginales mostrados con crudeza y crueldad al estilo de Charles Bukowski son la marca peculiar de las novelas más vendidas de Bayly, Arévalo y Malca. Esta corriente, que se extiende por toda América Latina en la actualidad, también define las obras de los dos narradores peruanos más jóvenes: Manuel Rilo (Lima, 1971) con su novela Contraeltráfico, y Jorge Galarza (Lima, 1976), quien a los veintiún años de edad publicó su libro de cuentos Matacabros y al año siguiente El infierno es un buen lugar.