Literatura
Por José Jiménez Lozano
Lo que más conforta, hablando con hispanistas, y en general con gentes forasteras que visitan España, es que están más seguras de que España sigue estando ahí que nosotros los españoles mismos. Porque a meditaciones nos obligan cada día las cosas que nos ponen en un mar de dudas, y, a veces, ni nos atrevemos ni a hacernos estas meditaciones para que no resulten melancólicas sus catastróficas. Lo que ocurre es que siempre pasa un ángel a nuestro lado para confortarnos en tiempos recios o de tristezas, como decía Tomás de Aquino; y, en este caso, digamos que el ángel es oriental. Quiero decir que entonces quizás nos encontramos con la parte oriental que tenemos, y que no sé lo que va a pasar con ella con las homologaciones europeas, pero espero que éstas no puedan hacer nada, y que nos tomen como somos, o nos dejen.
Cosas tan civilizadas como la siesta y el no tomar los asuntos a la ligera sino dejar para mañana lo que tendríamos que hacer hoy, porque a lo mejor mañana ya no tenemos que hacerlo, espero que sigan formando parte de nuestro patrimonio nacional.
Richard Ford, un viajero inglés por estas tierras, escribió un libro sobre sus perplejidades y desconciertos durante el tiempo que estuvo en España, en el siglo pasado, y lo tituló: España, el país de lo imprevisto ¿De verdad? No lo creo, porque fama tenemos de hacer chapuzas, pero nada de imprevistas; se trata simplemente de asuntos que se han dejado de un día para otro, y luego hay que solucionar sobre la marcha. En esto, entre otras cosas, nosotros mismos los españoles nos reencontramos con España, y, aunque a veces nos saque de quicio, no deja de ser una alegría.