Por José Jiménez LozanoA propósito
de la conmemoración del cuatrocientos aniversario del nacimiento del Emperador Carlos I
de España y V de Alemania, es ciertamente todo un borbotón de temas de reflexión el que
surge, pero desde luego que no está entre los últimos el del erasmismo. Y, en España,
tuvo Erasmo, ciertamente, quizás sus más fogosos y ruidosos partidarios, incluso en las
aldeas. Pero todo fue una llamarada. Vive enseguida la reacción de «los hombres
oscuros», que decía el propio Erasmo, hubo terribles escarmientos, y el fuego se apagó.
Pero no el rescoldo.
Todavía don Fernando de los Ríos, preguntado,
en los años treinta, en la aduana americana por su religión, al entrar en aquel país,
contestó que era erasmista. Y, en fecha más fatídica, en plena guerra civil, don
Antonio Machado, cuando Marcel Bataillon publica su el estudio, Erasmo y España
escribe que lo que significa ese libro es tanto más importante que lo que está
ocurriendo entonces a los españoles; porque si las cosas hubieran sido de otro modo muy
atrás, obviamente se hubiera evitado con ello aquel horror; lo que sin duda es de sabia
recordación en nuestro mismo momento cultural, y también de convivencia.
La tolerancia y la libertad son siempre conceptos
y prácticas que nos conciernen, nunca acabamos cada uno de nosotros, ni tampoco la
colectividad en que vivimos en ser tolerantes y libres. Es tarea inacabable. |