ARTE / Claroscuro
Por Marta Poza Yagüe
Isabel era hija del rey aragonés Pedro III, quien solía llamarla cariñosamente «Perla de la Casa de Aragón». Obligada a casarse con tan sólo 22 años con el belicoso rey Dionisio de Portugal, pasó su vida practicando la caridad entre los más necesitados.
Su milagro más famoso es aquel que sucedió un día de invierno en el que la joven reina, a pesar de la prohibición expresa de su marido de dar limosnas, salió de palacio con una gran cantidad de dinero escondida entre sus ropas destinada a este fin.
Alertado el soberano, salió en su busca, y al encontrarla le preguntó qué era lo que llevaba en su falda. Ella respondió que rosas, y ésas fueron las flores que aparecieron cuando abrió sus vestiduras, no encontrando el rey rastro alguno del dinero. Como recompensa a su devoción y buen hacer, cuentan que la Virgen se le apareció poco antes de morir, hecho que tuvo lugar el 4 de julio de 1336. Fue canonizada por Urbano VIII en 1626.
Zurbarán ha escogido para la representación el momento en el que la santa muestra el puñado de rosas que porta sobre su falda. El cuadro, realizado entre 1630 y 1635, presenta al personaje sobre un fondo oscuro, siendo lo más destacado su indumentaria: ricos tejidos, abundancia de joyas, y una pequeña corona en la cabeza que nos recuerdan que fue reina. Los rasgos muy individualizados del rostro (la larga nariz, los ojos vivos y un hoyuelo en la barbilla) parecen indicarnos la posibilidad de que fuera un retrato.
Este último punto era al parecer una costumbre bastante extendida en la época: a las mujeres de la nobleza les gustaba ser pintadas como santas, lo que no dejaba de ser visto irónicamente por los poetas contemporáneos, como nos muestran unos versos de Ulloa Pereira titulados En ocasión de haber puesto una dama la copia de su rostro a una imagen de Santa Lucía:
Lesbia, que nunca confesó fortuna
en copiar tu beldad maravillosa,
siempre de leve imperfección quexosa,
y siempre a los pinceles importuna.Para tener con novedad alguna,
aún más adoración que por hermosa,
forma de santa se usurpó ambiciosa,
con que quiso ser dos, y fue ninguna.Que a todas luzes la pintura vana,
(de la soberbia presunción remota)
confunde la noticia indiferente.Y divina la lámina, o profana,
ni a Lesbia se parece por devota,
ni a la santa por poco penitente.