ARTE / Claroscuro
Por Marta Poza Yagüe
En 1552 sucedió en Nápoles un hecho sorprendente: dos damas, Isabella de Carazi y Diambra de Petinella, se batieron en duelo por el amor del joven Fabio de Zeresola, en presencia del virrey, marqués del Vasto. El acontecimiento, inusual por ser mujeres las que se disputan el amor de un hombre, cuando lo habitual solía ser lo contrario, no cayó en el olvido dentro de la sociedad napolitana, sino que seguramente siguió siendo tema de conversación durante bastante tiempo.
Éste ha sido el asunto identificado para un cuadro de Ribera, pintado en la ciudad italiana en 1636, cuando trabajaba a las órdenes del Conde de Monterrey, y que desde 1666 se cita ya entre las obras pertenecientes a la colección del Alcázar madrileño.
El pintor valenciano ha planteado la escena con una grandiosidad clásica, disponiendo los distintos personajes en dos planos claramente diferenciados. En primer término, las dos mujeres, con escudos y espadas, luchan a muerte. Una de ellas, ya en el suelo, muestra en el cuello una primera herida de la que brota sangre. Son dos figuras de volumen rotundo. Concebidas con un sentido más cercano a lo escultórico que a lo pictórico, su belleza serena, los perfiles severos y una indumentaria que recuerda la de las mujeres de la antigüedad romana evocan los antiguos relieves clásicos que representaban las luchas de las Amazonas y que, seguramente, Ribera tuvo en mente cuando compuso su lienzo.
En un extremo, con toga y coraza, se distingue un personaje masculino, posiblemente el virrey del Vasto. Al fondo, y separados del escenario del combate por un muro de madera, hombres y mujeres del pueblo, junto con algunos soldados, asisten al espectáculo. Este segundo plano está resuelto con una pincelada mucho más ligera, abocetando los perfiles de las figuras y difuminando completamente el paisaje, en la línea del resto de las obras ejecutadas por el pintor durante estos años.
Interpretaciones recientes apuntan la posibilidad de que el cuadro represente realmente un combate entre el vicio y la virtud, siguiendo el esquema marcado por un antiguo poema moralizante: la Psychomachia de Aurelio Prudencio (siglo v d. C.).
En la parte baja, a la derecha, encontramos la firma del pintor: JUSEPE DE RIBERA VALENCIANO. F. 1636.