ARTE / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
Una gélida mañana madrileña de febrero, de cielo claro y horizonte azul, con la sierra de Guadarrama nevada al fondo, Diego Velázquez se dirige al Palacio del Buen Retiro en compañía de su discípulo y yerno, Juan, para contemplar, una vez más, su Salón de Reinos.
—Maestro —le dice Juan a su suegro—, qué asombroso quedó el salón, aunque permítame que le comente algo que siempre me ha intrigado. Cuando observo todos los cuadros que hacen alusión a las victorias de las tropas españolas de nuestro rey Felipe, y las comparo con la Rendición de Breda, me resulta extraña esa complacencia entre el vencido Justino de Nassau y el victorioso Ambrosio Spinola. Frente a los otros lienzos, aquí...
—No sigas, Juan, que ya te entiendo —le interrumpe el maestro—. ¿Esperabas acaso que pintase generales a caballo y altivos, prisioneros encadenados o muertos, o aldeas arrasadas? No he querido mostrar al vencedor por su capacidad de destrucción, sino por su respeto y magnanimidad hacia el vencido, cualidades que sólo tienen los grandes hombres, porque ellos, y sólo ellos, pueden y saben comportarse así. Lo cierto es que oí recitar en el corral de comedias unos versos que me gustaron especialmente, justo unos días antes de iniciar la pintura. Pedí a su autor que me escribiera una pequeña parte del final de su comedia, y si no recuerdo mal, metí el papel detrás del cuadro —y allí va Diego Velázquez, y lo busca durante unos segundos. Los versos aparecen, e inicia Diego su lectura:
Justino de Nassau: Aquestas las llaves son
de la fuerza, y libremente
hago protesta en tus manos,
que no hay temor que me fuerce
a entregarlas, pues tuviera
por menos dolor la muerte:
aquesto no ha sido trato,
sino fortuna, que vuelve
en polvo las monarquías
más altivas y excelentes.
El marqués Espínola: Justino, yo las recibo,
y conozco que valiente
sois, que el valor del vencido
hace famoso al que vence.
Y en el nombre de Filipo
Quarto, que por siglos reyne
con mas vitorias, que nunca
tan dichoso, como siempre,
tomo aquesta posesión.