«La palabra corsarias corre el albur de despertar un recuerdo que es vagamente
incómodo: el de una ya descolorida zarzuela, con sus teorías de evidentes mucamas, que
hacían de piratas coreográficas en mares de notable cartón. Sin embargo, ha habido
corsarias: mujeres hábiles en la maniobra marinera, en el gobierno de tripulaciones
bestiales y en la persecución y saqueo de naves de alto bordo. Una de ella fue Mary Read,
que declaró una vez que la profesión de pirata no era para cualquiera, y que, para
ejercerla con dignidad, era preciso ser un hombre de coraje, como ella.»(Tomado de Historia universal de la infamia, en Obras
Completas, Buenos Aires, Emecé, Tomo I., pág. 306.)
|