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Martes, 23 de julio de 2013

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LENGUA

Refanfinflar, repampinflar

Por Pedro Álvarez de Miranda

En una entrevista periodística a Rosa Díez me topo con un bien curioso verbo: «Hay quien dice que somos de la extrema derecha y quien dice que somos de la extrema izquierda; nos la repampinfla el adjetivo» (El País, 25 de mayo de 2013). Me refiero, naturalmente, a ese repampinflar, que me ha llevado a indagar, por vía de ejemplo, en la alta variabilidad de las llamadas «creaciones expresivas».

Suele, en efecto, emplearse esta fórmula, «creación expresiva», para etiquetar y catalogar de algún modo determinadas acuñaciones léxicas cuya dilucidación etimológica resulta difícil, o en realidad imposible, por las vías comunes. Que la fórmula en cuestión sea un comodín un tanto impreciso es algo que ya señaló el profesor David A. Pharies en un artículo de 1984, aparecido en la Hispanic Review y titulado «What is “creación expresiva”?». El propio Pharies dedicó poco después un libro a poner algo de orden y descubrir algunos patrones fijos en lo que adecuadamente llamó «playful lexicon» (Structure and Analogy in the Playful Lexicon of Spanish, 1986). Pues bien, la presencia de esquemas fonológicos recurrentes, como vocales del mismo timbre flanqueando a una líquida o reduplicaciones varias, es una de las características de las «creaciones» léxicas de esa índole. Lo que, naturalmente, no da respuesta a la torturante pregunta de tantas otras veces: pero ¿quién demonios las crea?, ¿cuándo, cómo y por qué surgen? Porque, desde luego, alguien las creará, pero se tiene la impresión de que surgen en la lengua por generación espontánea.

Convendrá el lector con nosotros en que la forma digamos canónica del verbo empleado por Rosa Díez es refanfinflar, y ahí, en esa inusual repetición de tres efes y de dos enes trabantes, y en la alternancia saltarina a-i-a, parece residir en este caso (¿también en una vaga evocación del verbo inflar?) la clave de la expresividad (Pharies no estudió esta palabra, reciente entonces, pero sí algún verbo no muy disímil, y muchísimo más antiguo, como refunfuñar, del xvi nada menos). Es también conocido que se emplea en la construcción refanfinflársela algo a alguien, que vale ‘traerle sin cuidado, importarle un bledo’. Y asentirá, de nuevo, el lector a la certeza de que el pronombre la de dicha construcción se refiere in absentia a cierto aparejo de la anatomía masculina, de acuerdo con el modelo establecido por otras expresiones paralelas, y aún más vulgares, en las que ocurren —con perdón— los verbos sudar, soplar y traer (floja, pendulona).

Los respectivos ejemplos más tempranos que conocemos para las dos formas dichas, refanfinflar y repampinflar, son prácticamente coetáneos. Pero como se adelanta ligeramente en el tiempo el correspondiente a la segunda, por ella comenzaremos. En la novela Maremágnum, de Juan Pla, que es de 1972, leemos: «Ella y usted, a mí, me la repampinflan». Después puede documentarse en Rafael Castellano («Pensándolo bien, me la repanpinfla [sic]», La viuda, 1978), Terenci Moix («la verdadera verdad se la repampinflaba como a mí», Lleonard o El sexo de los ángeles, 1992), M.ª Antonia Valls («Bush dice que se la repampinfla», Tres relatos de diario, 1992; cita mal este texto, copiando «repamfinfla», Delfín Carbonell Basset en Gran diccionario de argot. El sohez, bajo una entrada repamfinflar), Agustí Fancelli («a mí me la repampinfla, pero tengo buenos amigos a los que todo esto les motiva», El País, 30 de diciembre de 1999), Ramón de España («se la repampinfla [a Arzalluz] que escritores, cineastas y artistas se vayan a vivir a cualquier otro lugar en el que no haya que ir con el RH en la boca», El odio, 2000) o Carlos Ruiz Zafón («a mí esto del séptimo arte me la repampinfla», La sombra del viento, 2001). Como se ve, abundan en esta relación los escritores de Barcelona, lo que no sé si será casualidad.

Es bien posible, en fin, que en los días que corren contribuya a la difusión de esta forma verbal el hecho de que aparezca en la traducción española de un muy exitoso best seller publicado el año pasado, Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James. «Así que las normas me la repampinflan», escribe la protagonista en un mensaje electrónico, y su interlocutor replica: «¿“Repampinflan”? Dudo mucho que eso venga en el diccionario»; las traductoras, Pilar de la Peña Minguell y Helena Trías Bello, han salvado de modo bastante ingenioso un difícil escollo, pues el diálogo en inglés era este: «So rules, schmules». […] «“Schmules”? Not sure where that appears in Webster’s Dictionary» (Fifty Shades of Grey). Lo que ahí aparece es un curioso recurso del inglés («shm-reduplication»), procedente del yiddish, que consiste en repetir una palabra (en este caso rules) sustituyendo su inicio por la secuencia shm- o schm- (y de ahí schmules) con intención de desdén, burla o escepticismo hacia lo denotado por la palabra en cuestión.

Desde luego, en el diccionario académico no está repampinflar, ni tampoco refanfinflar (que sí figura en la segunda edición, 1998, del Diccionario de uso del español de María Moliner y en el Diccionario del español actual, 1999, dirigido por Manuel Seco). En cuanto a esta forma, prácticamente podemos decir que el testimonio más antiguo es el que encontramos en un chiste de 1973 del humorista español, exiliado entonces en Francia, Andrés Vázquez de Sola, aunque, como enseguida veremos, la palabra aparece en él con una n parásita en la primera sílaba, que no sabemos si atribuir a vacilación o a errata. El chiste, bastante burdo por cierto, figura en el libro (de la editorial parisina Ruedo Ibérico) El general Franquísimo, o la muerte civil de un militar moribundo. Bajo un letrero que reza «Un millón de muertos (hasta hoy)» vemos un dibujo de Franco en el que este sostiene en una mano un ejemplar del diario Ya con el titular «García Lorca fue asesinado por los falangistas» y en la otra un ejemplar de Arriba en cuya portada se lee «García Lorca fue asesinado por los católicos»; bajo el dibujo aparece el comentario del dictador, que es donde por fin aparece nuestro verbo: «—A mí me la renfanfinfla [sic], con tal de que se sepa que soy yo quien ha matado a los otros novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve».

Figura refanfinflar en el Diccionario de expresiones malsonantes del español de Jaime Martín, que es de 1974, y en la Enciclopedia del erotismo de Cela, que data de 1976-1977. Ambos citan ejemplos inventados; respectivamente: «¡A mí me la refanfinfla la junta directiva!» y «A mí pierda o gane el Madrid me la refanfinfla, yo soy del Celta de Vigo, ¡y a mucha honra!». Pero ya coetáneos del repertorio de Cela son los primeros textos reales y no distorsionados que conocemos:

Usted mismo declara que ese señor se la refanfinfla (Gonzalo Torrente Ballester, Torre del Aire, 1995; artículo del 15 de abril de 1976).

Carmen […] me dice que a ella la ostpolitik se la refanfinfla (Francisco Umbral, El País, 13 de julio de 1976; citado en el Diccionario del español actual).

¿Y si yo le dijera, don Sixto, que el tema me la refanfinfla, me la trae floja y todo eso que dicen los tíos cuando quieren mezclar machismo e indiferencia, usted qué diría? (Sixto Cámara [Manuel Vázquez Montalbán], Triunfo, 29 de enero de 1977).

A partir de ese momento nuestro verbo se documenta con regularidad: lo emplean, entre otros, Jesús Pardo, Ramón Ayerra, Arturo Pérez Reverte, Luis Mateo Díez, Rosa Montero, Juan Marsé, Álvaro Pombo, Fernando Aramburu, Alfonso Ussía, Jaime Campmany, Juan Manuel de Prada, David Trueba, Manuel Rodríguez Rivero…

Junto a las dos formas dominantes, refanfinflar (con f-f-f) y repampinflar (con p-p-f), tenemos otras dos variantes más extrañas, una con p-f-f y otra —no salimos del orden de las labiales— con m-f-f:

repanfinflar:

¿Por qué ese a-mí-me-la-repanfinfla continuo de Aparicio? (J. Félix Machuca, Abc Sevilla, 3 de febrero de 1989).

Me la repanfinfla que tal o cual escuadra esté en primera división o en tercera (Xavier Zabaltza, El País, 23 de enero de 2002).

Por eso a algunos nos la medio «repanfinfla» el filme… (Javier Cortijo, Abc, 30 de enero de 2007).

remanfinflar:

A mí ese me la remanfinfla, por borde y por tripero (Ramón Ayerra, Los ratones colorados, 1979).

A mí, ese señor que usa en el nombre el mismo diminutivo que Capone [Al Gore] me la manfinfla y el duro de la película de indios [George Bush] me la remanfinfla (Jaime Campmany, Abc, 5 de noviembre de 2000).

La Andalucía que ha votado el Estatuto y la que el Estatuto se la remanfinfla (Antonio Burgos, Abc Sevilla, 4 de mayo de 2006).

Es ocioso trasladar más textos, pero conviene advertir que los tres autores que acabamos de citar (Ayerra, Campmany y Burgos) emplean remanfinflar en más de una ocasión.

En fin, no se sabe si estamos ante una nueva variante o ante una mera errata cuando encontramos refanflinflar en una columna de Rosa Montero: «esa resma de añejos documentos se la refanflinflaría a cualquier mendigo decente» (El País, 3 de octubre de 2000), pues ella, ya lo hemos dicho, emplea —más de una vez— refanfinflar. Sí parece deliberado, en cambio, amén de excesivo, un reflanflinflar de Fernando Sánchez Dragó (La del alba sería, 1996):

Quiero decir, y digo, que las elucubraciones del señor Hawking, el big bang, el carbono 14 y todas esas vainas me la reflanflinflan, con perdón de cuantos creen que en el estilo literario no debe mezclarse lo canalla y lo culto.

Una variante hasta ahora no vista es el repampimplársela (p-p-p) que recoge Jaime Martín en el mencionado Diccionario de expresiones malsonantes; en el que hay también otra forma más, esta sin el re- inicial (lo mismo que ese manfinflar que hemos visto en Campmany): pampinflársela. De locos.

Volvamos un momento, para terminar, a la forma principal, refanfinflar. Dice de refanfinflársela el mismo Jaime Martín que también significa ‘masturbarse un hombre’, y ofrece un ejemplo inventado: «¡Allá él, si se la refanfinfla!». Pero este valor —en construcción reflexiva o no— prácticamente solo se documenta en Francisco Umbral:

La Gilda era otra veterana de la casa, y como siempre estaba expectante, como la Virgen María en las tablas renacentistas, los clientes la requerían mayormente para los ejercicios de boca y lengua, y ella contaba de habérsela refanfinflado sabia y concienzudamente a don Leopoldo Cano, a Martínez Villergas, a don Gaspar Núñez de Arce, a don José Zorrilla y Moral, a don Emilio Ferrari, a todos los poetas románticos, postrománticos, neoclásicos y neoépicos de la ciudad [Valladolid] (Los helechos arborescentes, 1980).

El propio Umbral, al divagar en su Diccionario para pobres (1977) sobre la expresión me la refanfinfla, deja caer que «cuando éramos pequeños nos la refanfinflábamos felizmente en el retrete». Y en un artículo se hace eco del supuesto dicho de un taxista: «Yo, como Godoy, me la refanfinflan y me voy» (El País, 26 de diciembre de 1983).

Desde luego, en esos usos umbralianos la referencia del la acusativo es aún más inequívoca que en los muchos ejemplos examinados arriba para la acepción dominante. Y solo nos queda añadir que en un texto de Fernando Arrabal que cita Félix Rodríguez González en su Diccionario del sexo y el erotismo lo que aparece es un complemento directo perfectamente explícito: «Sol me refanfinflaba el pepino para que me fuera tragando el susto» (El mono, o Enganchado al caballo, 1994).

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