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Jueves, 12 de julio de 2012

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CULTURA Y TRADICIONES

Tesoros escondidos

Por Eva Belén Carro Carbajal

Hablar de tesoros escondidos en estos tiempos difíciles que vivimos puede parecer una paradoja, una provocación o incluso un motivo de esperanza. ¿Realmente existen los tesoros ocultos?

Lo cierto es que de vez en cuando aparecen tesorillos en los lugares más insospechados: conjuntos de monedas antiguas, orfebrería en vasos cerámicos, libros prohibidos entre dos muros… Esconder las propiedades más preciadas se ha considerado un acto de defensa frecuente en los tiempos de inestabilidad y de escasez, cuando proliferan el vandalismo y los robos. Por supuesto, la contrapartida de encontrar sin esfuerzo riqueza ajena siempre ha sido una aspiración natural humana.

Esta base real se une al sustrato folclórico, todavía presente en nuestros días. Las leyendas sobre tesoros escondidos son muy antiguas y su difusión es prácticamente universal. Incluso han existido y existen libros de tesoros, como los librillos o «gacetas» impresas y manuscritas que durante siglos han guiado los pasos de innumerables buscadores de tesoros, el Libro de San Cipriano o «ciprianillos» (libros de magia muy difundidos porque incluían listas de tesoros) y los «grimorios» cultos (impresos que contienen disparatados conjuros, fórmulas mágicas y exorcismos para encontrar tesoros ocultos), que también han sido considerados libros del demonio. Un sinfín de informaciones que se mezclan y se entrecruzan, asimismo, con la tradición oral viva.

Estos aspectos han sido estudiados con rigor por el profesor Pedrosa en diferentes trabajos, así como por Suárez López en Tesoros, ayalgas y chalgueiros, un interesantísimo volumen que lleva por subtítulo La fiebre del oro en Asturias, donde recopila, clasifica y analiza un extenso corpus de leyendas, cuentos y relatos populares que tienen como centro de interés los tesoros ocultos. Recientemente ha visto la luz el libro de García Figuerola Tesoros escondidos de la Meseta Norte, que aborda el tema en la tradición popular gracias al análisis de un manuscrito sobre tesoros escondidos en el sur de la provincia de Salamanca.

Esta bibliografía pone de relieve la configuración de los principales elementos que aparecen en el imaginario hispánico en relación con los tesoros escondidos. Mención especial merecen la presencia de «moros», su legendaria expulsión y todo lo que les rodea (cuevas y fuentes, por ejemplo); de dólmenes y castros; de verracos y becerros de oro, puesto que existe la creencia generalizada de que debajo de ellos se encuentra un tesoro; de gallinas y pollitos de oro; de gatos; de elementos de la naturaleza distintivos o característicos; y de ganado (cabras, sobre todo, ya que los animales con cuernos eran los indicadores de tesoros por antonomasia o la pista para poder situar la riqueza). Desgraciadamente hubo un tiempo, incluso, en que era habitual ver con impotencia cómo los furtivos saqueaban yacimientos arqueológicos acompañados de sus detectores, a pesar de ser una práctica penalizada por la ley.

Si lo pensamos bien, siempre hemos convivido con los tesoros, de una manera u otra: lecturas juveniles de piratas, películas centradas en la búsqueda de tesoros, audaces arqueólogos y cazatesoros… Este conjunto de relatos ha dado lugar a múltiples interpretaciones (antropológicas, históricas, sociológicas y literarias), conscientes todas ellas del inevitable atractivo que suscita y sigue suscitando el mundo de los tesoros ocultos y su realidad mítica.

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