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Martes, 5 de julio de 2011

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ARTE / Claroscuro

Viejo desnudo al sol

Por Mónica Ann Walker Vadillo

Viejo desnudo al sol es una obra que el pintor catalán Mariano Fortuny realizó en 1871 y que siete años después expondría en París, centro bullicioso de los movimientos artísticos más vanguardistas de finales del siglo xix, donde sería alabado como uno de los pintores más innovadores de su época. Aunque el título no lo refleja, esta obra, de no muy amplias dimensiones, es ante todo un estudio: representa la parte superior del cuerpo desnudo de un viejo, la cual destaca sobre un fondo oscuro con una técnica ágil y vibrante. En algún momento se definió como torso, pero la pintura nos muestra más que un simple torso, con distintos grados de acabado. El viejo se encuentra en un contraposto acentuado por los brazos en jarras, con las manos ocultas detrás de las caderas. En la derecha, la mayor claridad del fondo hace que se marque más esa sensación de profundidad que permite a la figura estar en un espacio físico real, si bien muy oscuro. La extrema delgadez del viejo hace que Fortuny sea capaz de crear una composición muy airosa en la que se advierte el estudio del natural. En la exposición de 1878 de París el cuerpo del viejo fue descrito como «anatomía sorprendente».

Como ya se ha mencionado antes, el cuadro muestra distintos grados de acabado, algo que caracteriza a este artista. La parte superior aparece mucho más trabajada, especialmente la cabeza, mientras que la parte inferior aparece esbozada con grandes manchas y pinceladas largas y sueltas. Dentro de esta pintura, a Fortuny le interesó detenerse fundamentalmente en los pliegues del diafragma, el pecho y las axilas. Estas zonas las trató con una pincelada ante todo pastosa y simple, la cual permitió al artista plasmar la anatomía de forma intuitiva y espontánea. Es fascinante ver cómo el gran naturalismo con el que Fortuny realizó la cabeza se ve aún más marcado en el cabello alborotado, el cual parece prolongar la inclinación de la cabeza hacia la derecha, y en los ojos entrecerrados, que dan una gran sensación de ensimismamiento.

No sólo el estudio anatómico de la figura del viejo es fascinante, también el que Fortuny realiza de la luz ha de tenerse en cuenta. Una de las mayores preocupaciones del artista fue siempre la manera en que la luz incidía sobre los objetos. La figura del viejo se ve envuelta en zonas de gran contraste de tonos claros y oscuros. Es en la parte superior del torso donde sobresale esa oposición tan dramática de iluminación, con los salientes de la clavícula más destacados por la luz y la sombra que proyecta la cabeza sobre el hombro. En la barba se pueden ver tonos azules, los cuales nos indican la agudeza de observación del artista. El fondo está tratado con tonos oscuros pero cálidos, con rápidas pinceladas. A pesar de que este fondo no contiene ninguna indicación del lugar donde se pintó la obra, no deja de ser un espacio real.

Aunque desconocemos el nombre del modelo, al pintor catalán debía de gustarle mucho ya que lo usó en varias composiciones con el mismo tema. Estas composiciones, incluida la del Viejo desnudo al sol, Fortuny las realizó en Granada entre 1870 y 1872. Curiosamente, su cuñado Ricardo de Madrazo, quien trabajó junto a él en esta época, también tiene alguna pintura con este mismo tema.

Algunos han querido ver en esta obra la influencia de grandes pintores del Siglo de Oro español. Se ha mencionado que el uso de la pincelada larga y algunos aspectos de la resolución de la obra se pueden relacionar con El Greco. Por otro lado, Viejo desnudo al sol recuerda el San Andrés de José de Ribera, que Fortuny copió en el Museo del Prado durante su aprendizaje. Es más que curioso el hecho de que Fortuny tratara el torso de san Andrés de la misma manera que luego haría con este viejo, con la parte inferior igual de inacabada.

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