MÚSICA Y ESCENA
Por Alba Bergua Muntoner
«No pido mucho: / poder hablar sin cambiar la voz, / caminar sin muletas, / hacer el amor sin que haya que pedir permiso, / escribir en un papel sin rayas», cantaba Kiko Veneno, acompañado por los hermanos Amador, en 1977.
Luego añadía: «O bien, si parece demasiado: / escribir sin tener que cambiar la voz, / caminar sin rayas, / hablar sin que haya que pedir permiso, / hacer el amor sin muletas». Y, tras un momento, como para no dar tiempo a que quien escuchara pudiese reaccionar: «O bien, si parece demasiado: / hacer el amor sin que haya que cambiar la voz, / escribir sin muletas, / caminar sin que haya que pedir permiso, / hablar sin rayas». A esas alturas, el escuchador ya estaba en guardia y esperaba que lo volvieran a descolocar después del siguiente «O bien, si parece demasiado…» (minuto 2:04 de la canción). Pero entonces la guitarra ya seguía sola y el escuchador, el escribiente, podía coger un bolígrafo y quedarse allí, en los puntos suspensivos, completando en el papel o en una mano las otras posibilidades, o por lo menos algunas de ellas. En fin: el poema original, en catalán, se llama No demano gran cosa y es de Miquel Martí i Pol; y no son pocos los que, al leerlo, se acuerdan de Construção, del gran Chico Buarque, con ese primer verso, «Amou daquela vez como se fosse a última», que luego, como los demás, se irá repitiendo… pero con variantes. De Construção existe una traducción al español, firmada por Daniel Viglietti, que también ha cantado Buarque.
A las canciones que a primera vista no piden —no necesitan— gran cosa, a las composiciones musicales creadas a partir de la combinación de un reducido número de elementos, podemos añadir ahora un disco íntegro en sus dos acepciones: una rareza que, hasta donde he podido investigar, no circula todavía por la red, y cuya venta se limita, por ahora, a cuatro o cinco salas alternativas. Se trata de Optimiza, y en el fondo no es más que un cándido ejercicio de denuncia honrada, original pero sin muchas luces, basado en los mecanismos de la sociedad de consumo. Los responsables: la banda punk Modeline, del barrio de Arganzuela (Madrid).
La estructura de Optimiza obedece a dos leyes muy sencillas: la de la combinatoria y la del mínimo esfuerzo. Bastan apenas doce palabras para dar sentido y coherencia a un álbum dividido en cuatro bloques: «Lo de Andrés», «Lo de Berta», «Lo de César» y «Lo de Diana». Cada uno de estos bloques consta de cuatro canciones en cada una de las cuales se entrelazan cuatro historias diferentes, y se podría decir que al final de cada parte se llega a una conclusión. Contado así, de primeras, parece un lío. Pero no: ya verán.
Los protagonistas de las canciones son siempre los mismos: Andrés, Berta, César y Diana (o A, B, C y D, según sus transparentes iniciales). Los verbos que dan sentido a todas las historias son también cuatro y configuran pequeñas sucesiones, cierran diminutos círculos o procesos: buscar, comprar, tener, vender. Por último, personajes e historias giran en torno a cuatro sustantivos altamente simbólicos en su inocencia, o altamente inocentes en su simbolismo: música, drogas, sexo, casa. A partir de ahí, entonces, los cuatro sujetos, los cuatro verbos y los cuatro objetos directos se irán combinando lenta, cansinamente para dar lugar a sesenta y cuatro situaciones distintas, distribuidas en dieciséis canciones. En la primera, Andrés busca música, Berta compra drogas, César tiene sexo y Diana vende casa. En la segunda, Andrés compra música, Berta tiene drogas, César vende sexo y Diana busca casa. En la tercera, Andrés tiene música, Berta vende drogas, César busca sexo y Diana compra casa. En la cuarta, Andrés vende música, Berta busca drogas, César compra sexo y Diana tiene casa. ¿Se entiende? Pues así hasta dieciséis.
Que en este contexto la primera parte se llame «Lo de Andrés» refleja —casi no hay ni que explicarlo— un doble propósito: por un lado, son las historias musicales las que Modeline coloca en el centro de su atención; por otro, parece fuera de duda que cada bloque otorga mayor relevancia a la historia que comienza en una búsqueda y termina en una venta. Es la moraleja más nítida del disco: al final, aquello que creíamos necesario se convierte en superfluo; nos aburrimos y salimos a la calle a por otra cosa.
La otra moraleja, que es la misma, quedaba ya patente desde el título del álbum. También desde la imagen de la cubierta: un exprimidor de plástico, ovalado, al que se aproxima peligrosamente una lengua humana.