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Lunes, 19 de julio de 2010

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Música y escena

Eppur si muove (V). Rafa Pons. Salvando las distancias

Por Alba Bergua Muntoner

Tal vez sea Laura Jáuregui, antigua pareja de Arturo Belano, quien describa de forma más cruda a los jóvenes poetas real visceralistas que deambulan sin rumbo por las páginas de Los detectives salvajes: «Trataré de resumir y ser concisa: el mayor problema era que casi todos tenían más de veinte años y se comportaban como si no hubieran cumplido los quince. ¿Se da cuenta?».

Efectivamente, nos damos cuenta, sí. La cosa podría llamarse malditismo y viene de lejos; no hace falta hablar ahora de absenta, paraísos artificiales o versos a la luna. Y entre paréntesis: Bolaño no oculta su ironía, pero tampoco su ternura ni su respeto hacia esos «jóvenes ridículos y mal vestidos», poetas ingenuos, huérfanos, pobres, profundamente tristes, nec spes nec metus. Porque la pose es lo de otros; no lo de García Madero cuando escribe en su diario, con diecisiete años: «La vida es una mierda».

La cosa, decimos, viene de lejos; y presumiblemente —larga vida a Baudelaire— nos acompañará por mucho tiempo, al menos mientras continúen en pie ciertos bares, cierta visión del mundo. Damas y caballeros: he aquí a un cantautor.

Intenten imaginarse a uno. A uno que ni toque demasiado ni cante casi nada. ¿A que se les ocurren decenas de nombres? Pues atención: este es más auténtico que muchos, porque lo sabe y no le importa. Juega con eso: cultiva medio en broma, como partiéndose de risa o de dolor, esa imagen golfa del poeta rey de las nenas, rota la voz, macarra la cadencia de la frase, cigarrito y cubata, sus buenos treinta añazos ya y un espíritu de veinte o dieciocho. Rafa Pons se hace llamar, o Rafita Perestroika, y tiene al público en el bolsillo.

A ver: ¿por qué nos gusta Rafa Pons? ¿Por qué en él nos da alegría lo que en otros cantautores nos da alergia? No se sabe. Tal vez porque no se toma en serio y sin embargo intuye que lo que hace es lo que debe hacer, y eso no es poco. Vean cómo saca punta a sus tics: primero ladea de manera exagerada la cabeza, hasta dejar su nariz casi perpendicular al cuello, y luego te lo cuenta con una sonrisa, y te invita a una copa.

Sí, quizá sea por eso: porque a ratos se agradecen las bromas, los chistes malos, la sinceridad de quien confiesa que, «ahora que ha pasado el tiempo / y me llaman licenciado, / sigo con una guitarra», en esa canción cuyo estribillo es una declaración de intenciones: «Filatélico, numismático: quiero monedas, busco un sello discográfico».

Es que, reconozcámoslo: la figura del cantautor tiene algo que cansa ya, que aburre. Demasiada guitarrita en noches de verano, demasiada postura, demasiado Silvio Rodríguez como excusa para ligar. Es el rollito cantautor, como dice Rafa, que usa y abusa del rollito cantautor sin creérselo mucho, o sin dejar por ello de ser un cantautor un poco raro, o sea, un cantautor salvando las distancias. O algo así.

«Mal te veo, Rafita, mal te veo» es el estribillo recurrente de una de las canciones más canallas (del tipo rollito canalla, quiero decir) de su primer disco; y la misma frase se cuela como coro (vaya, hombre), en un tema muy distinto, de un tipo que podríamos definir como rollito enamorado. Dos polos, si se quiere, pero una sola frase —Mal te veo es también el título del disco— para un solo personaje.

¿Pueden reconocer ya la mezcla de rock meloso y rock golfo, entre Quique González y Extremoduro? ¿Ven la poca vergüenza y sin embargo la mucha gracia con que nos intenta embaucar este tío? Si no, lo intentaré de otra manera:

Rafa tiene una canción muy corta, muy fácil de aprender, de una sola frase. El público la repite diez o doce veces y el concierto se acaba ahí. Dice: «Voy persiguiendo a la luna; me cago en tu padre y no tengo ninguna razón para odiarte, pero simplemente me acuerdo de ti». Lean la letra despacio otra vez, pero poniendo énfasis en los acentos: un, dos, tres, un dos, tres, un, dos, tres. ¿Lo ven ya?

Es un vals. Un vals de amor, de bar, de barrio. Un vals de Rafa Pons; salvando las distancias, por supuesto.

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