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Martes, 21 de julio de 2009

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Arte / Claroscuro

El Jardín de las Delicias (I).
El tercer día de la Creación
y la presentación de Adán y Eva

Por Mónica Ann Walker Vadillo

«Se trata de algunas tablas de diversa extravagancia, donde se transfiguran mares, aires, bosques, campos y muchas otras cosas (...) cosas tan amenas y fantásticas que a quienes no tienen conocimiento de ellas difícilmente se las podríamos describir». Con estas palabras Antonio de Beatis, un canónigo de Molfetta (Italia) y el primer biógrafo del Bosco, describió el tríptico del Jardín de las Delicias en su visita al palacio de Enrique III de Nassau, regente de los Países Bajos, en Bruselas en 1517. El Bosco, pues, fue conocido como creador de formas insólitas, sorprendentes y, para un espectador moderno, podría decirse que incluso enigmáticas.

Ilustración. Hieronymus Bosch, El Bosco (ca. 1450-1516): «El Jardín de las Delicias (tríptico cerrado: El tercer día de la Creación)» (detalle)

Hieronymus Bosch, El Bosco (ca. 1450-1516): El Jardín de las Delicias (tríptico cerrado: El tercer día de la Creación) (detalle)
Óleo sobre tabla, 220 x 195 cm
Núm. de inventario: 2823

El Jardín de las Delicias se puede considerar como una de las obras más desconcertantes, abrumadoras y originales que, por su propia naturaleza pictórica, no puede clasificarse fácilmente. Es muy posible que el Bosco pintara este cuadro alrededor de 1514 o 1515 por orden de Enrique III de Nassau, aunque es una cuestión que sigue abierta a debate. La obra está llena de un simbolismo tan complejo que todavía no ha sido completamente descifrada. El cuadro está pintado al óleo sobre una tabla central y dos laterales (pintadas tanto por fuera como por dentro). Cuando el tríptico está cerrado, las tablas laterales contienen, en tonos verde-grisáceos, una esfera transparente donde el agua se separa de la tierra. Sobre ésta empiezan a aparecer elementos vegetales y minerales. La sobriedad del panel, debido a la falta de color, se puede explicar porque la imagen representa el momento anterior a la creación del sol y la luna que posteriormente iluminarían la tierra. Dios, con una tiara papal, sentado a la izquierda con un libro abierto sobre el regazo, se encuentra rodeado por una inscripción perteneciente al Salmo 33 que dice así: «Él lo dijo, y todo fue hecho. Él lo mandó, y todo fue creado». Esto hace pensar que lo que la esfera representa es el tercer día de la Creación.

Ilustración. Hieronymus Bosch, El Bosco (ca. 1450-1516): «El Jardín de las Delicias (La presentación de Adán y Eva)» (detalle)

Hieronymus Bosch, El Bosco (ca. 1450-1516): El Jardín de las Delicias (La presentación de Adán y Eva) (detalle)
Óleo sobre tabla, 220 x 389 cm (el tríptico completo) Núm. de inventario: 2823

Cuando el tríptico se abre la primera impresión es casi cegadora. Los colores son muy ricos y brillantes —sólo la luz opaca y el rojo brillante de la tabla derecha contrastan con la orgía visual de las otras dos. El panel de la izquierda muestra a Dios presentando a Adán a Eva, estableciendo así el primer matrimonio de la historia. El jardín del Edén es un lugar idílico con árboles, animales comunes, mamíferos y pájaros exóticos, híbridos fantásticos y estructuras orgánicas. Entre los animales más exóticos se encuentran el elefante, la jirafa, el león e incluso el leopardo —animales que vivían en África y que el Bosco conoció a través de los bestiarios medievales. Sin embargo, incluso en este lugar tan paradisíaco e idílico, donde se debería respirar paz y tranquilidad, se puede discernir la entrada del mal si se presta atención a los detalles. Entre una de las formaciones rocosas se encuentra la cara oculta de Satanás desde donde emerge la serpiente que pondrá fin al Paraíso tentando a Eva a comer de la fruta prohibida. Mientras tanto un búho (símbolo de la maldad) mira desde la fuente que se encuentra en el centro de la imagen. Más aún, incluso la violencia hace acto de presencia dentro del Paraíso entre los animales, donde un leopardo se lleva a la boca un ratón, un híbrido bípedo es perseguido por un jabalí, un león derriba a una gacela y un pájaro se come una rana. Todos estos actos violentos son símbolos que se pueden interpretar como un aviso del pecado que pronto cometerán Adán y Eva.

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