Música y escena
Por Ricardo Bellés
Fue el 16 de abril de 1866, cuando se celebró un concierto sinfónico como inauguración de la Sociedad de Conciertos, fundada por el compositor Francisco Asenjo Barbieri; la sesión se celebró en el Circo del Príncipe Alfonso de Madrid. El acto tenía tres partes, como habrían de tenerlas en el porvenir casi todos los conciertos de la misma Sociedad, que duró hasta los primeros años del siglo xx.
Barbieri estuvo durante cinco años al frente de la Sociedad de Conciertos, como director de orquesta actuó en cinco series de conciertos, y dio un total de 84 audiciones, si se sumaban a las del Príncipe Alfonso las celebradas en los jardines de Apolo, en el teatro de la Zarzuela y en los Campos Elíseos. ¡Cuánto tuvo que luchar Barbieri para vencer la incomprensión del público, y también la de profesores músicos reacios a interpretar las nuevas composiciones y a vencer las dificultades de algunas! Por mucho interés que despertara el «Concierto», no lo despertaba menor, o quizás lo despertaba mayor, la Plaza de Toros; por eso, al anunciar Barbieri los «Grandes Conciertos en el Circo del Príncipe Alfonso», después de lamentar que casi todas las sinfonías de Beethoven fuesen desconocidas del público español, advirtió que los conciertos comenzarían a las dos en punto de la tarde (ya que casi todos los señores abonados a palcos y butacas abandonaban la sala de conciertos una vez concluida la segunda parte, pues no querían perder ningún momento de la fiesta taurina) y añadió textualmente: «En cada uno de dichos conciertos se procurará que su duración no exceda con mucho de dos horas, a fin de que los aficionados también a otros géneros de espectáculos puedan cómodamente asistir a éste sin privarse de aquellos».
La agrupación coral de la Sociedad de Conciertos sólo intervino en el año 1866 y 1867; después actuó la orquesta con exclusividad durante quince años: cuando reapareció el coro, el 2 de abril de1882, lo hizo para cantar, asociado a ella, la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven.
Cuando Francisco Asenjo Barbieri dejó la dirección de la Sociedad de Conciertos, le sustituyó su compañero de labores musicales y colaborador en algunas zarzuelas Joaquín Gaztambide; a éste le sucedió el compositor y violinista Jesús de Monasterio, que cuidó la cuerda de la orquesta de forma insuperable, logrando efectos que aportaron una novedad sobresaliente.
La Sociedad de Conciertos de Madrid llevó a cabo gloriosas jornadas en el siglo xix, pero desde los principios del siglo xx decayó con sorprendente rapidez, hasta llegar a su disolución; los profesores músicos decidieron constituir otra similar, que dio lugar a la Orquesta Sinfónica de Madrid.