Ciencia y técnica
Por José Miguel Lorenzo Arribas
El año 2005 ha sido «El año mundial de la Física». En el frontispicio de la Facultad de Ciencias Físicas de la Universidad Complutense de Madrid, un gran cartel ilustrado lo anunciaba y lo celebraba. Varias cabezas componen su friso de imágenes. Una detrás de otra, la Historia de la Física se resumía en algunos de sus principales impulsores.
La cabeza, simbólicamente, remite a las potencias intelectivas del ser humano. En la dicotómica cultura occidental es el principio superior, frente a otras potencias consideradas inferiores. El sexo se encuentra en la parte baja de dicho escalafón. El caso es que los bustos expuestos para celebrar la efemérides también están sexuados, un detalle que se hace invisible, pero que está ahí, presente. No hay ninguna cabeza de mujer entre el desfile de autoridades. ¿Significa algo eso?
María Sklodowska (1867-1934), más conocida como Marie Curie, única persona ganadora de dos Premios Nobel, de Física (1903), y Química (1911), y madre de otra Premio Nobel de Física, no ha tenido cabida en la iconografía de personajes ilustres de la Física en el cartel referido del año de celebraciones. Un personaje que tuvo vinculación con España, porque, además de la influencia que sus investigaciones radiológicas tuvieron aquí, tres fueron las veces que la científica estuvo en la Península. La primera visita, en 1919, la hizo como invitada a participar en Madrid en el Congreso Nacional de Medicina, con gran éxito científico y mediático, aunque Gregorio Marañón deslizó en El Liberal dos comentarios, amén de los laudatorios hacia la radióloga, que dan que pensar. A decir del eminente prohombre, el Congreso «se iba llenando de médicos, de hombres de ciencia, de mujeres —no tantas como debieran haber ido— ...», relacionado con el que desgranó más abajo, ya referido a madame Curie, cuya «figura, —al decir del médico— en la que el genio y la austeridad han ido desvaneciendo el sexo...».
La segunda ocasión que nos visitó fue en la significativa fecha de abril de 1931, invitada por la recién estrenada Segunda República, con la que ella entusiastamente se identificó, hospedándose en Madrid en la emblemática Residencia de Señoritas, y visitando también Toledo y Granada. La última vez, dos años más tarde, fue como representante de la Comisión Internacional de Cooperación Intelectual, dependiente de la Sociedad de Naciones. Allí, entre otras celebridades extranjeras, se juntó con Manuel García Morente, Salvador de Madariaga, Miguel de Unamuno, y otra vez con Gregorio Marañón, que le profesaba sincera admiración.
Un año después, en 1934, moría. La lenta erosión resultante de respirar el aire viciado de las emanaciones del radio, y de la exposición durante los cuatro años de la Primera Guerra Mundial a las radiaciones de los aparatos de rayos Roentgen, hizo su efecto. Un riesgo que sabía que corría, y que asumió. Hoy, es la primera mujer cuyos restos reposan en el Panteón francés, donde fueron trasladados, junto a los de su marido Pierre, a una celda común en 1995. Pero a las mentes pensantes de los nombres propios que hay que destacar en el Año Mundial de la Física les debió parecer que Marie Sklodowska, madame Curie, dos veces Premio Nobel, aun siendo mujer, no tenía tantos méritos.
Marañón dijo que a Curie se le había desvanecido el sexo. Los diseñadores del cartel (que, sin conocerles, aseguro que tienen cabeza y sexo) han prescindido también de su efigie. Repito la pregunta que me hacía antes. Todo esto, ¿seguro que no significa nada?