Arte
Por Concepción Bados Ciria
Nació en Montoro (Córdoba) en 1910, en el seno de una familia humilde. En 1923 se traslada a Sevilla y comienza a dibujar en el taller del pintor Juan Lafita. En la capital andaluza, Rodríguez Luna entra en contacto con el movimiento ultraísta, de gran resonancia en los ámbitos literarios a través de la revista Grecia. En la plástica, el ultraísmo se definió como una combinación de futurismo, expresionismo y postcubismo. Sin embargo, junto a los ecos ultraístas que pretendían imponerse por doquier, en los ambientes pictóricos peninsulares, se mantenían las tendencias más tradicionales como el academicismo, el naturalismo regionalista y el simbolismo, uno de cuyos representantes más notables, el cordobés Julio Romero de Torres, profesor de Rodríguez Luna hacia 1928 en la escuela de Bellas Artes de San Fernando, fecha en la que el incipiente pintor llega a Madrid desde Sevilla.
En los primeros años de la década del treinta, Rodríguez Luna presenta sus primeras exposiciones colectivas junto a artistas como Alberto Sánchez, Maruja Mallo, Díaz Caneja, Arturo Souto, Timoteo Pérez Rubio, José Moreno Villa, Enrique Climent, entre otros. Así anotamos las siguientes exposiciones en las que participó el cordobés: en 1930 el II salón de artistas independientes, auspiciada por el periódico El Heraldo, de Madrid; en 1931, la exposición colectiva organizada por el Lyceum Club y ese mismo año, en noviembre, la 1.ª Exposición de la Federación de las Artes, el núcleo básico de lo que sería la AGAP (Agrupación gremial de artistas plásticos) de la que formó parte Rodríguez Luna.
La primera exposición individual del pintor acontece en marzo de 1933, en el Museo de Arte Moderno de Madrid. Este mismo año entabla amistad con Joaquín Torres García, el pintor vanguardista uruguayo, quien antes de regresar a su país, permanece en Madrid durante unos meses. En este período, surge el Grupo de Arte Constructivo, en el que se cuenta Rodríguez Luna junto a los pintores más notables de la época, con una finalidad: reunir a los pintores y escultores más vanguardistas para presentarlos con mayor ímpetu ante el público y la crítica.
A partir de 1933 se produce un cambio notable en la estética del pintor, cada vez más preocupado por compaginar las técnicas vanguardistas con los contenidos sociales y políticos que se estaban produciendo en el país. Su inserción definitiva en una pintura que él mismo habría de catalogar como de «surrealismo social» se gesta hacia 1933 cuando entra a formar parte de la revista Octubre, dirigida por Rafael Alberti y María Teresa León. Realizó algunos dibujos para la revista y participó en la I Exposición de Arte Revolucionario celebrada en Diciembre de 1933 en el Ateneo de Madrid. En 1937 se publica en Valencia, en la Editorial Nueva Cultura el álbum titulado Dieciséis dibujos de guerra, de Rodríguez Luna. En ellos se plasma lo más horrible de la condición humana, mediante una estética de expresionismo radical. Los títulos de los dibujos son significativos: Cárcel de Oviedo, Pasó el fascismo, Evacuados, Plaza de toros de Badajoz, Terrateniente andaluz, La iglesia, El tirano, el Requeté, Homenaje a Bécquer, hasta un total de dieciséis. Como es evidente aluden a escenas y episodios vividos por el artista y representativos de la represión fascista del momento. Tras su salida obligada de España y su paso por los campos de concentración franceses, Rodríguez Luna llega a México a finales de 1939. En este país desarrolló una importante tarea como pintor y profesor; produjo numerosas obras, de gran variedad formal y en este sentido, son muy conocidas sus series de éxodos, naturalezas muertas y de saltimbanquis, unas pinturas en las que predomina el color negro, cargadas de tonos sombríos y desgarradores.
En 1976 regresa por primera vez a España para realizar una exposición en la Galería Juana Mordó de Madrid. En 1980 se realiza en México una gran exposición individual del artista en el Museo de Arte Moderno y a partir de 1981 inicia contactos con su ciudad natal a la que dona un buen número de cuadros para instalar un Museo que recoja su obra. Así se inaugura en 1982, en la ermita dieciochesca de San Jacinto, el Museo de Rodríguez Luna, en el que destaca el lienzo Toro furioso. En 1982 fue nombrado hijo predilecto de Montoro y se le concedió la medalla de oro de la ciudad. Falleció en 1985 y sus cuadros se hallan en los museos de arte moderno más importantes del mundo, entre ellos el Reina Sofía.