Arte / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
Vestido de riguroso luto, posiblemente por la muerte de su padre Felipe IV en 1665, aparece representado con el Toison de Oro, por lo que tal vez nos hallemos ante uno de sus primeros retratos oficiales tras ser proclamado rey de España con tan sólo cinco años bajo la regencia de su madre Mariana de Austria. Tal como nos recuerda la investigadora Mercedes Orihuela sabemos que el joven monarca se encuentra en el Palacio de Aranjuez debido a que aparece la Fuente de los Tritones en medio de los jardines de la conocida Isleta, donde fue instalada en 1656 y desde donde fue posteriormente trasladada a mediados del siglo xix a los jardines madrileños del Campo del Moro, donde todavía hoy se encuentra.

Anónimo madrileño (siglo xvii): Retrato de Carlos II (detalle)
Lienzo: 118 x 99 cm
Núm. de inventario: 2534
Ciertamente las comparaciones son odiosas pero sin duda interesantes. Al observar este lienzo nos viene a la retina el que pintase Diego Velázquez hacia 1635 del malogrado hermano de Carlos II, el príncipe Baltasar Carlos (1629-1646), hijo de la reina Isabel de Borbón, para la Torre de la Parada. Cuadro que sin duda fue tomado como modelo del que ahora contemplamos. Ambos niños presentan una postura muy similar, con arcabuz y perro, aunque las diferencias son más que notables. El retrato de Velázquez es una representación supuestamente desenfadada del príncipe durante un día de caza en el Monte del Pardo, mientras que este cuadro anónimo de Carlos II muestra un carácter más oficial, tal como se hace patente no solo por la vestimenta del niño sino por situarse la escena en un interior palatino con gran cortinaje y sillón, elementos que tantas veces se repiten en cuadros de similar significado aúlico. Velázquez consigue dotar a Baltasar Carlos de una regia dignidad aunque se trate tan sólo de un niño, sin necesidad de acudir a ningún signo superfluo ya que el genial pintor sevillano es capaz de captar la monumentalidad del alma del Príncipe de Asturias.
En cambio en el cuadro de Carlos II, el retratado aparece envarado, no sabemos si realmente es así por torpeza del pintor o de la naturaleza, y a pesar del Toisón de Oro, nada hace pensar que se trate del heredero de la Corona más importante del momento sobre la faz de la Tierra. Velázquez logró plasmar las minusvalías físicas y psíquicas de sus bufones sin menoscabar su dignidad humana, y consigue que todos ellos hayan pasado a la posteridad con sus nombres y apellidos, y no mediante desagradables apodos. En cambio, no es de extrañar que con retratos como este, Carlos II sea comúnmente conocido como el Hechizado.