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Martes, 25 de julio de 2006

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ARTE / Claroscuro

La escuela valenciana del Siglo de Oro

Por Juan Carlos Ruiz Souza

Desde la Baja Edad Media Valencia se había convertido en uno de los centros económicos más importantes de todo el Mediterráneo occidental. Sus manufacturas cerámicas podían encontrarse en cualquier lugar del mundo conocido gracias al floreciente comercio que posibilitaba su puerto, al igual que ricos objetos de Italia o del más lejano oriente desembarcaban allí a diario. El arte no fue ajeno a tanto dinamismo y en lo que a la pintura se refiere Valencia fue la antesala de las corrientes italianas en la Península. Paolo de San Leocadio, Rodrigo y Francisco de Osona, Vicente Macip, Fernando Yáñez de la Almedina, Juan de Juanes, Pedro de Orrente, Francisco Ribalta , Tomás Yepes, etcétera, encabezan una larga lista de artistas del Renacimiento y del Barroco que allí se dieron cita desde el siglo xv al xvii, y por supuesto sin olvidarnos de José de Ribera, que aunque nacido en Játiva desarrolló su carrera en la corte de Nápoles, desde donde su arte iluminó a la pintura española del momento.

Cuando hablamos de la pintura del Siglo de Oro siempre pensamos en tres focos principales, en la corte madrileña, en el ambiente toledano y en el foco andaluz encabezado por Sevilla. Valencia también fue otro centro de gran interés, aunque sus artistas hoy nos resulten menos conocidos. El naturalismo de Francisco Ribalta (1565-1628) y de Pedro de Orrente (1580-1645), introducen la pintura valenciana en el devenir del arte del Barroco, con sus efectos lumínicos y por la veracidad que son capaces de infundir en sus narraciones. Su impronta continúa en los artistas de la siguiente generación, entre los que destaca la obra de Jerónimo Jacinto de Espinosa (1600-1667) y la de Esteban March (1610-1668).

En el Paso del mar Rojo se nos descubre una de las realizaciones más interesantes de March, donde la dinámica composición del cuadro, en la que se dispone un sinfín de personajes, nos recuerda a las pinturas de su maestro Pedro de Orrente. Semejante dinamismo será utilizado por el artista en la realización de cuadros de batallas, donde se muestra con acierto en la narración teatralizada de los acontecimientos, al igual que el pintor napolitano coetáneo Aniello Falcone, famoso por sus escenas de guerra.

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