Cultura y tradiciones
Por María Fontán
En los meses iniciales del año 1911, la moda femenina en el vestir sorprendió, incluso asombró a muchos con una sorprendente, insólita novedad: la falda pantalón. La presencia en las calles, de Madrid sobre todo, de la nueva prenda, llevada por algunas mujeres —no muchas entonces como es fácil suponer—, provocaba la sorpresa y el asombro de muchos, la incredulidad y hasta el escándalo de algunos, y las reacciones de muchas gentes iban de la chirigota al insulto grave en ocasiones. La nueva moda se asomó a las páginas de periódicos y revistas y suscitó dibujos, caricaturas, comentarios satíricos, algunos artículos también plenos de buen sentido y perspicacia premonitora, como uno de la eminente escritora Emilia Pardo Bazán, que se publicó el día 20 de marzo del año 1911 en la revista La Ilustración Artística, donde enjuicia el revuelo causado por la falda pantalón:
Ya se ha visto cómo la realidad sobrepujó a la previsión, en lo referente a la gazapera que suponía yo que iba a armarse cuando las jupes de marras apareciesen en Madrid. No fue cosa del primer día: la juerga se prolongó cerca de una semana.
A la autora del artículo la falda pantalón no le entusiasma, pero tampoco le desagrada: «no tiene nada de fea, ni tampoco de bonita». Y la encuentra de gran comodidad para andar, y sumamente discreta y honesta, «que no se descubre ni señala las formas». Pero no cree que su uso se extienda, al menos en poco tiempo, y concluye:
Claro es que, por un tiempo incalculable, no será prenda de uso general. Hay una muralla ante ella. Lo que digo es que reúne no pocas ventajas, no siendo ésta una razón suficiente para que se aclimate.
Al fin y al cabo, piensan muchos en resumen final, no son más que modas que vienen y que acabarán yéndose para que lleguen otras. Y, por ello, la novelista concluye: «¡Qué habrá duradero, si nosotros no duramos!». Tenía razón doña Emilia, sin duda, que, manriqueñamente, «todo ha de pasar por tal manera».