Literatura
Por Reina Roffé
En el libro titulado Censura, autoritarismo y cultura: Argentina 1960-1983, el crítico literario Andrés Avellaneda realiza un exhaustivo análisis del control que los gobiernos civiles y militares ejercieron en la vida cultural y en las diferentes expresiones del arte. Se trata de una revisión a fondo que refleja de qué manera se fue organizando la censura literaria, cinematográfica y teatral, y cómo, asimismo, se manipularon todos los medios de comunicación en un país signado, durante los veintitrés años que abarca el estudio, por una red de poder viciada de autoritarismo.
Durante ese período no fueron pocos los intelectuales y escritores que manifestaron su repudio al control sistemático de la cultura nacional, pero sí muchos los que acataron, tal vez por indiferencia, miedo, sumisión o alianza con las fuerzas represivas, vivir en un ambiente de oprobio. En ciertos procesos históricos quedan al descubierto los elementos más represivos que actúan sobre el arte, ya sea para silenciarlo o para que funcione como instrumento de propaganda oficial. Esto es posible cuando la ideología imperante de un pueblo o de un amplio sector de este responde a un sistema de valores que, por no haber sido cuestionado a fondo, se identifica con el del opresor. De ahí que la propuesta de Avellaneda recaiga en el estudio minucioso del autoritarismo que procede del Poder, pero especialmente del que está enraizado en la sociedad.
Su estudio no se agota en evaluar en qué medida se vio afectada la vida nacional ni en el examen de los discursos censores, sino que, además, presenta «un corpus documental» compuesto por decretos, leyes, disposiciones y declaraciones de gobernantes y funcionarios en los que se advierte, con pavor, de qué manera el Estado se erigió en amo absoluto de la cultura argentina. Documentos que activan la memoria y dan testimonio no sólo de la censura del Estado, sino de un estado de censura. La lista de libros, películas, canciones, programas de radio y televisión, revistas y diarios prohibidos es muy extensa y refleja una época de violencia en la cual fueron vulnerados ciertos principios fundamentales: expresarse sin restricciones, que es condición esencial en la dinámica y el avance del pensamiento; ejercitar la crítica, que constituye el vehículo propicio e indispensable para el desenvolvimiento social e individual; y crear libremente, que es lo único que asegura la legítima continuidad cultural de una nación.