Lengua / Tópica
Por Jairo J. García Sánchez
Tras haber visto ya algunos topónimos extremeños de origen prerromano y romano, pasamos a analizar ahora otros de cronología más reciente. Los nombres de Plasencia y Valencia de Alcántara nos pueden confundir, porque parecen tener étimos latinos (Placentia, Valentia) y estar en la misma línea de topónimos romanos como el de la capital levantina Valencia (< lat. Valentia ‘la valerosa’) y el de la balear Pollensa (< lat. Pollentia ‘la poderosa’). Sin embargo, pronto comprobamos que se trata de topónimos medievales que no se remontan más allá del siglo xii; así, Plasencia fue fundada por Alfonso VIII y responde a una latinización culta «Ut placeat Deo et hominibus» (‘para que agrade a Dios y a los hombres’); algo similar sucede con Valencia de Alcántara y con las otras Valencia extremeñas (Valencia de las Torres, Valencia del Mombuey, Valencia del Ventoso), que reciben diversos complementos para distinguirse de la levantina. El de Alcántara (< ár. al-qantara, ‘el puente’), en concreto, se debe a la pertenencia de la villa a la orden militar de ese nombre. De la época de expansión cristiano-romance iniciada con la Reconquista también es un topónimo como Castuera [< lat. custodia], con clara referencia a un puesto de vigilancia.
Topónimo romance de motivación diferente es Almendralejo, cuyo sufijo diminutivo lo distingue del cercano Almendral. Nos cabe la duda de si Almendralejo va referido a un ‘pequeño almendral’ o bien se trata de un topónimo formado a partir de su vecino. El caso es que los almendros pueden estar también en el origen del nombre de la capital pacense, pues, aunque con muchas dudas, se ha supuesto que Badajoz podría proceder del ár. balad al-lawz, ‘ciudad de los almendros’. Curiosamente el gentilicio pacense, de carácter culto, oficial y muy asentado, se debe a una interpretación errónea de Badajoz como Pax Augusta. Entre los topónimos extremeños de origen árabe, podemos destacar, además, el de Zafra (< ár. sajra, ‘roca, peña’).
Capítulo al margen es el de topónimos romances de motivación diáfana, como Don Benito, que responde a un nombre personal con la anteposición del título Don (< lat. dominum). Villafranca de los Barros, al igual que Villanueva de la Serena, es un compuesto de villa que lleva como complemento el nombre de la comarca en la que se sitúa. El adjetivo franca, de étimo germánico, indica el hecho de haber recibido privilegios y exenciones para favorecer su población. El nombre comarcal alude, en ambos casos, a características del terreno.
Navalmoral de la Mata, por último, es otro compuesto múltiple: Nava del moral de(l Concejo de) la Mata. Los topónimos que incluyen la voz nava son abundantes en la zona centro peninsular, en especial en las provincias de Salamanca, Ávila, Segovia, Madrid y Toledo, pero también, en su extensión extremeña, al norte de la región. Su valor de ‘llanura alta rodeada de cerros’ representa un tipo de paisaje común en la meseta.