Lengua / Tópica
Por Jairo J. García Sánchez
La historia lingüística de Extremadura se puede seguir muy bien a través de los nombres de sus poblaciones más importantes, ya que estos topónimos, como vamos a tratar de exponer aquí, se reparten bien entre los sucesivos estratos lingüísticos.
Antes de nada, no obstante, conviene tener claro de dónde procede el corónimo o nombre de la región, hoy comunidad autónoma, que une las dos provincias de mayor extensión territorial de España. Comprobamos así que Extremadura es claramente un topónimo de Reconquista, pues el nombre designaba en principio el último territorio que habían conquistado los cristianos en su lucha contra los moros, y que quedaba, por tanto, en el extremo de sus dominios. De hecho, se había llamado con anterioridad Extremadura (castellana) a tierras de Soria y Segovia (cf. además Estremera, en Madrid).
Aclarado este punto, comenzamos el repaso de los topónimos poblacionales extremeños por los más antiguos. Uno de ellos es Trujillo (< Turgalium), que puede proceder de una lengua indoeuropea precéltica a partir de una base hidronímica *ter. Asimismo es muy posible que el también cacereño Coria —Caurium en tiempo de los romanos— tenga origen prerromano indoeuropeo, si bien resulta complicado establecer su etimología exacta.
Alburquerque, por su lado, aunque de conformación mucho más reciente, puede haberse originado igualmente en el período prerromano. El topónimo parece contener un componente antiguo Karkar, referido a un accidente orográfico, al que después los árabes le habrían añadido la parte inicial (posiblemente al-burŷ,‘la torre’). No hay duda de que el superestrato árabe es el responsable de la terminación, con apócope y vocal -e paragógica (añadida). En realidad, la influencia del árabe está presente en buena parte de los topónimos extremeños anteriores, como el mismo Trujillo y quizás Coria.
No nos debe sorprender que en Nuevo México (Estados Unidos) encontremos el topónimo Albuquerque. El nombre fue llevado durante la conquista española del Nuevo Continente, como tantos otros, desde Extremadura, y se distingue por haber perdido la -r- intermedia.
Siguiendo nuestro recorrido cronológico, observamos que de época ya romana son algunos de los topónimos extremeños más representativos. Así, Cáceres se remonta al latín Castris, posiblemente en referencia a Castra Seruilia y Castra Caecilia, núcleos romanos originarios de la ciudad; el topónimo, al igual que los arriba mencionados, debe su forma final a la mediación árabe. Otro topónimo latino es Medellín (< (Castra) Caecilia Metellina, después Metellinum), en cuyo étimo se aprecia bien el nombre del cónsul romano Quinto Cecilio Metelo, quien luchó en estas tierras.
El último de los topónimos que por el momento vamos a considerar es el de la monumental Mérida, hoy capital regional. La ciudad fue fundada por Augusto para los soldados retirados (eméritos) que habían luchado en las campañas del norte hispánico. De ello da cuenta su nombre de entonces, el conocido Emerita Augusta, del que se deriva el actual.