Centro Virtual Cervantes

Rinconete > Arte
Martes, 20 de julio de 2004

Rinconete

Buscar en Rinconete

ARTE / Claroscuro

Tota pulchra

Por Antonio García Flores

Reina, oliva, fuente, cedro,
azucena, ciudad, nave,
torre, paraíso, espejo,
trono, ventana, sol, Madre:
vos sois aquella niña
con que el Señor
el cielo y tierra mira.

(Lope de Vega, El tirano castigado, 1599)

Aunque las primeras letanías marianas1 conocidas se remontan al siglo ix, fue durante el siglo xii y, en especial, a partir del momento en que San Bernardo aplicó a la Madre de Dios unos versos del Cantar de los Cantares para reafirmar su pureza virginal2, cuando alcanzan su sistematización. Muy pronto todas aquellas imágenes (a las que se irían añadiendo poco a poco otras nuevas, como las obtenidas del Libro del Eclesiástico a mediados del xiii) se asignaron a la Inmaculada Concepción. El conjunto de letanías más difundidas en el siglo xvi fueron las del Santuario de Nuestra Señora de Loreto, en Italia, aprobadas por Sixto V en 1587, si bien Clemente VIII prohibió el uso de otras unos años más tarde (1601) y Alejandro VII incorporó nuevas figuras a las ya existentes en 1664.

Desde el punto de vista artístico, se conservan grabados alemanes de mediados del siglo xv en los que aparece la Virgen de pie, con las manos juntas a la altura del corazón y rodeada de todos aquellos atributos de las letanías, según recomienda el célebre tratadista Molanus en De picturis et imaginibus sacris liber unus (1570). Esta imagen se fusionará con otra derivada de un fragmento del Apocalipsis, la Mulier amicta sol3, y conformará el tipo iconográfico definitivo de la Concepción de María.

Elevada sobre una luna en cuarto creciente con los cuernos hacia abajo, Zurbarán nos presenta en esta ocasión a María como una muchacha joven, «en la flor de su edad, de doce a trece años, hermosísima niña, lindos y graves ojos, nariz y boca perfectísima y rosadas mexillas», tal y como recomendaba Francisco Pacheco en su Arte de la pintura (1638). La cabeza ligeramente inclinada, expresando humildad y recato, está rodeada de una corona de diez estrellas y otra de cabecillas de ángeles apenas perceptibles entre las nubes, mientras que sus largos cabellos caen sobre el pecho, ante el que dispone las manos unidas en oración. Viste una larga túnica rosa y una amplio manto azul que, hinchado a media altura, cruza sobre su cuerpo originando una forma ovalada que suaviza la acentuada verticalidad de la figura. De ésta irradia una luz dorada que ilumina el fondo de nubes, las cuales, ocasionalmente, se abren para acoger algunos símbolos de las letanías a ambos lados de María: «Puerta del Cielo» (Génesis, 28, 17), «Estrella del Mar» (de la antífona mariana Ave Maris Stella, del siglo IX), «Santuario de Dios» (Éxodo, 25), «Lucero del alba» (Eclesiástico, 50, 6), «Escalera de Jacob» (Génesis, 28, 12) y «Espejo inmaculado» (Sabiduría, 7, 26). Otros emblemas se distribuyen por el paisaje que se extiende en la parte inferior de la composición: «Torre de David» (Cantar de los Cantares, 4, 4) o «Torre de marfil» (Cantar, 7, 5), «Ciudad de Dios» (Salmo, 86, 3), «Palmera de Engadí» (Eclesiástico, 24, 14) y «Nave» (Proverbios, 31, 14), entre otros.

  • (1) Alabanzas en honor a María en las que se emplean figuras simbólicas extraídas de libros del Antiguo Testamento y que los exegetas bíblicos consideran una prefiguración de las virtudes de la Virgen. volver
  • (2) Cantar de los Cantares (4, 7): «Tota pulchra es, amica mea, et macula non est in te» (‘toda hermosa eres, amiga mía, y no hay defecto en ti’). volver
  • (3) Apocalipsis, 12, 1: «Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza». volver

Ver todos los artículos de «Claroscuro»

Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es