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Martes, 3 de julio de 2001

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ARTE / Claroscuro

Melodías al óleo

Por Susana Calvo Capilla

Estas dos tablas formaban parte de un tríptico del que se ha perdido el panel central, de mayores proporciones y con probabilidad dedicado a la Virgen. Según la inscripción que figura en la puerta de la izquierda, el tríptico fue pintado en 1438 para el franciscano Heinrich von Werl (m. 1461). Aunque carecen de la firma del autor (como sucede en la mayoría de sus pinturas), hoy no cabe duda de que son obra del Maestro de la Flémalle, un artista enigmático, casi desconocido, de cuya vida y trabajos apenas se ha conservado documentación. No obstante, los últimos estudios identifican a este Maestro de la Flémalle con Robert Campin, un pintor muerto en Tournai (en Flandes, entonces bajo dominio de los duques de Borgoña) en 1444.

Con él se formaron Roger van der Weyden y los hermanos van Eyck, lo que explica las grandes conexiones estilísticas entre ellos y el hecho de que las tablas del Prado se atribuyeran al primero durante un cierto tiempo. Robert Campin es considerado uno de los precursores de la llamada escuela de los primitivos flamencos. Elementos presentes y plenamente desarrollados en sus obras, tales como la minuciosidad de los detalles, la perspectiva, el paisaje que aparece tras las ventanas o la elección de un marco doméstico para las escenas sacras, serán rasgos esenciales y singulares de la pintura flamenca del siglo xv. Ésta respondía al gusto de unos clientes muy específicos, los nobles y burgueses de la región de Flandes y Borgoña en cuyas casas era corriente encontrar este tipo de obras religiosas de carácter íntimo.

Los personajes sagrados se sitúan en espacios interiores poblados de objetos y muebles cotidianos, como si fueran la prolongación de sus propios hogares. Para conseguir ese efecto «especular», Campin desarrolló las tres escenas de este tríptico en ámbitos comunicados entre sí: a la izquierda, el donante se arrodilla ante una puerta abierta hacia la estancia donde se desarrollaba la escena principal; a su vez, las vigas de madera de la techumbre de la habitación de Santa Bárbara, a la derecha, debían continuarse en el techo de ese ámbito central desaparecido. Algunos de los objetos tienen un carácter simbólico, como el lirio, la tela blanca colgada o el jarrón de vidrio translúcido, referencias a la virginidad de Santa Bárbara, o la torre en construcción que se ve por la ventana, aquélla donde iba a sufrir martirio la santa.

En el espejo del panel izquierdo aparecen reflejados dos monjes franciscanos, compañeros de Heinrich von Werl, un provincial de dicha Orden que residió la mayor parte de su vida en el convento de Osnabrück, donde se tenía especial devoción por San Juan Bautista y Santa Bárbara. Se diría que en la cadenciosa elegancia de los personajes de Robert Campin, en la armonía de colores y texturas acompasadas, en la diáfana perspectiva y en la belleza rítmica de sus objetos resuenan las nuevas formas musicales del siglo xv, las luminosas melodías de Gilles Binchois (m. 1460) y, sobre todo, Guillaume Dufay (m. 1474), artífices de la renovación de la polifonía franco-flamenca.

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