ARTE / Claroscuro
Por Juan Carlos Ruiz Souza
Bajo el nombre de «Pinturas negras» se incluyen catorce realizaciones de Francisco de Goya hechas en los muros de dos estancias de su casa madrileña próxima al río Manzanares, comúnmente conocida como la Quinta del sordo. Fueron elaboradas entre 1819, año en que el pintor compra la casa, y 1823, momento en que regala ésta a su nieto Mariano. Dicha residencia permanece en manos de la familia del pintor hasta 1859, y después de ser revendida en varias ocasiones, finalmente será adquirida por el barón DErlanger, quien se encargará del arranque de toda la obra pictórica del muro y su paso a lienzo, para asegurar su conservación.
Las enigmáticas pinturas serán trasladadas por su dueño a Francia con la intención de venderlas, y con tal objetivo se presentaron en la Exposición Universal de París de 1878, aunque sin éxito alguno, ante su carácter expresionista e innovador, lo que a la postre produjo su incomprensión y rechazo. Tres años más tarde, y ante la falta de compradores, fueron cedidas al Museo del Prado. Las «vanguardias artísticas» y en especial el «expresionismo», hicieron posible en los primeros años del siglo xx una nueva aproximación a todas las creaciones del ser humano, bajo diferentes criterios de valoración y, gracias a ello, hoy aquellas «pinturas negras» del pintor aragonés gozan de un reconocimiento que muchos de sus coetáneos les negaron.
Aquí nos encontramos ante una de las más famosas: Saturno devorando a un hijo. Al igual que sucede con sus trece compañeras, son numerosas las lecturas que se han elaborado sobre esta imagen, desde las que quieren establecer un paralelismo entre este dios de la melancolía con el estado anímico del propio artista en su ancianidad, a aquéllas que, con un sentido político, identifican a Saturno con el monarca Fernando VII que lucha por no perder sus privilegios...