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Lunes, 24 de julio de 2000

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Literatura / Calderonianas

Calderón, al duque de Veragua

Por Lola Montero Reguera

El temprano éxito de que gozaron las comedias de Calderón hizo de éstas blanco perfecto de libreros e impresores, quienes no tardaron en darlas a la luz. Plagadas de errores, como era habitual en aquella época, aparecieron distintas ediciones fraudulentas de comedias calderonianas, situación ante la que don José Calderón, hermano del dramaturgo, decidió recoger e imprimir algunas obras del autor de La vida es sueño (Primera parte de comedias, 1636, y Segunda parte de comedias, 1637). Mas no cesará la publicación de ediciones en contra de la voluntad de don Pedro, que sólo se ocupó personalmente de la edición de sus Autos sacramentales. Es curiosa en este sentido la carta de contestación al duque de Veragua, de 24 de julio de 1680, en la que Calderón pone de manifiesto su actitud ante la impresión de sus obras, verdadero «hurto» intelectual.

... Yo, Señor, estoy tan ofendido de los muchos agravios que me han hecho libreros y impresores (pues no contentos con sacar sin voluntad mía a luz mis mal limados yerros, achacan los ajenos, como si para yerros no bastasen los míos, y aun esos mal trasladados, mal corregidos, defectuosos y no cabales), tanto que puedo asegurar a V. E. que aunque por sus títulos conozco mis comedias, por su contexto las desconozco; pues algunas que acaso han llegado a mi noticia, concediendo el que fueron mías, niego el que lo sean, según lo desemejadas que las han puesto los hurtados traslados de algunos ladroncillos que viven de venderlas, porque hay otros que viven de comprarlas, sin que sea posible restaurar este daño, por el poco aprecio que hacen de este género de hurto los que, informados de su justicia, juzgan que la poesía, más es defecto del que la ejercita, que delito del que la desluce. Esta desestimación y poco caso que los señores jueces privativos de imprentas y librerías tal vez han hecho de mi queja me han puesto en tal aborrecimiento, que no hallo más remedio que ponerme de su parte, haciendo yo también desprecio de mí mismo. En este sentir pensaba mantenerme, cuando la no esperada dicha de tenerme V. E. en su memoria me alienta de manera que con su patrocinio proseguiré la impresión de los autos, que son lo que solo he procurado recoger, porque no corran la deshecha fortuna de las comedias, temeroso de ser materia tan sagrada, que un yerro o de pluma o de la imprenta puede poner un sentido a riesgo de censura; y así remito a V. E. la memoria de los que tengo en mi poder, con la de las comedias, que así esparcidas en varios libros, como no ofendidas hasta ahora, se conservan ignoradas, para que V. E. disponga de uno y otro, en cuyo nombre proseguiré la impresión de los autos, luego que me halle convalecido, de que me daré parte a V. E., reservando la liberalidad que me ofrece para cuando necesite valerme de ella. Cuya vida Nuestro Señor guarde con las felicidades y puestos que merece, y este humilde capellán suyo le desea. Madrid y julio 24 de 1680. —Excelentísimo Señor. —B. L. M. de V. E. su humilde capellán, don Pedro Calderón de la Barca.

(Tomado de: Comedias de don Pedro Calderón de la Barca, Tomo I
Edición de Juan Eugenio Hartzenbusch, Madrid: Rivadeneyra
BAE, VII, 1948, págs. XL-XLI).

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