Por José Ignacio PernasHace ya la
friolera de 45 años, tuvieron lugar en Salamanca cuna del saber, las primeras
Conversaciones Nacionales de Cinematografía, con el fin de analizar el estado de nuestra
industria. Las conclusiones no pudieron resultar más devastadoras. Juan Antonio Bardem proclamó
a los cuatro vientos su ya célebre diagnóstico:
El cine español es políticamente ineficaz,
socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente
raquítico.
Sin embargo, un breve repaso a la producción de
la primera mitad de la década de los 50 revela un puñado de películas que han pasado a
formar parte de lo más granado de nuestra cinematografía. Sin ánimo de ser exhaustivo,
podríamos citar siguiendo un orden cronológico títulos como: Balarrasa de J. A.
Nieves Conde (1950); Surcos de José A. Nieves Conde (1951); Esa pareja feliz
de J. A. Bardem y Luis G. Berlanga (1951); Bienvenido, Mr. Marshall de Luis G.
Berlanga (1952); Segundo López, aventurero urbano de Ana Mariscal (1952); Marcelino,
pan y vino de Ladislao Vajda (1954); Historias de la radio de J. L. Sáenz de
Heredia (1955); Muerte de un ciclista de J. A. Bardem (1955).
Muy al contrario, nuestro actual cine español
goza de una salud de hierro. Una nueva hornada de jóvenes realizadores, apadrinados por
ilustres veteranos, ha conseguido el milagro de revitalizar una maltrecha industria que
agonizaba al amparo de las subvenciones. Los acuerdos económicos alcanzados con las
diferentes cadenas de televisión, el auge de las coproducciones y los premios
internacionales cosechados en los distintos festivales corroboran este resurgimiento de un
cine denostado hasta hace pocos años. Sin embargo, este éxito avalado
unánimemente por la crítica y respaldado por la masiva asistencia de público a las
salas podría inducirnos a una visión excesivamente optimista de este periodo.
Por este motivo, me he preguntado qué pasaría
si dentro de 45 años Salamanca acogiera unas hipotéticas «II Conversaciones Nacionales
de Cinematografía». Y me he asustado al pensar que quizás un análisis del momento
actual, sustentado en la objetividad que procura la distancia, arrojaría un veredicto
similar al pronunciado por Luis García Berlanga años después de aquel primer encuentro:
«El cine español es uno de los fenómenos más
anodinos de nuestro tiempo.»
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