PATRIMONIO HISTÓRICO
Por José Miguel Lorenzo Arribas
Hace poco se pedía ayuda en la carpeta de un disco de música para localizar fragmentos de aires «nacionales» insertos en una partitura-collage a modo de subtexto. Los estudiosos habían encontrado citas a unos cuantos, y sospechaban que pudiera haber más. Se trata del Grand Potpourri National, pieza para piano y guitarra compuesta a medias entre Hummel (op. 79) y Giuliani (op. 93). Lo cierto es que Internet ha posibilitado un desarrollo sin precedentes de la capacidad de compartir información, y es una herramienta básica para quienes antes sólo buceábamos entre libros acartonados o vetustos folios intentando encontrar, de manera prácticamente solitaria, una pista.
Estaba yo a punto de pedir ayuda a través de este espacio para solicitar sugerencias de interpretación de un grafito histórico sorprendente, que parece una adivinanza, cuando vino la respuesta de un colega de profesión, Alberto Montaner Frutos. A él debo agradecer que diera con el quid de la cuestión o, mejor dicho, con el quoniam.
Lo que parecía un acertijo, ahora resuelto, escrito en el siglo xvi por sus caracteres paleográficos, se plasmó en un grafito inciso conservado en la prisión del antiguo palacio episcopal de Gerona, hoy Museo de Arte. Son cuatro versos, que no llegan a ser técnicamente cuarteta o redondilla por la hipermetría de algunos de ellos, de rima consonante (abba), que dicen así:
No por el quoniam estuve aquí
aunque muger fue causa tal
si sólo por un accidente fatal
sin porqué 91 días viví ahí.
Antes de dar la explicación, les animo a que lo piensen. Como siempre, el contexto de inserción de un grafito es fundamental a la hora de su análisis, y este se halla en la «presó de les capellans» gerundense, un calabozo para clérigos, resumiendo. Parece claro que un preso, eclesiástico casi con toda seguridad, habla de que la causa de su prisión fue una mujer, con la que se produjo un «accidente fatal» (seguro que casi todos pensamos en lo mismo) que le llevó a tres meses de encierro. Pero falta por discernir el significado del quoniam del primer verso, que parece excluir la causa del encarcelamiento.
Quoniam, es sabido, es una conjunción causal latina, que significa ‘porque’. Habida cuenta que esta palabra se empleaba mucho para argumentar en el procedimiento escolástico, quizá por ello algunos diccionarios catalanes recogen desde el siglo xix un uso aplicado del término, por el que quòniam pasa a decirse de quienes se lanzan a replicar atropelladamente y sin argumentos. De ahí, deriva la expresión «tros de quòniam» para referirse a alguien torpe, romo. Un tarugo, vaya.
¿Querrá decir nuestro anónimo clérigo que no le llevó a prisión un problema de dogma, sino un lío de faldas? Afinando más, podemos entender mejor estos versillos, con la ayuda del profesor Montaner. Recordaba que en cierta literatura medieval (no podía faltar el Arcipreste de Hita, pero también en otros textos), quoniam se había empleado para referirse al órgano genital femenino, pues leído según la fonética macarrónica, que poco sabía ya de latines clásicos, sonaba como coniam, y de ahí a coñam hay medio paso. De hecho, el sonido eñe se escribe en catalán con el dígrafo ny (Catalunya, sin ir más lejos, en catalán). Y estamos en Gerona, y recordamos que la alternancia entre y e i es común antes de la normalización de la ortografía.
Terminamos. Ciertamente, el autor sabía lo que hacía, y estiliza a lo erudito una abrupta expresión. En esos noventa y un días es verdad que tuvo tiempo para pensar bien qué inscribía en el muro carcelario, y se permitió, además de la pseudoredondilla, un doble juego de palabras para entendedores en el primer y último verso, entre porque (una de las acepciones de quoniam) y porqué, jugando con la traducción y homofonía de ambos términos, y a la vez con la asimilación semántica que se ha comentado («No estuve aquí por un coño / aunque…»).
Un grafito inversamente interesante a su humildad de factura, como tantas cosas en la Historia, que se escriben con minúscula.