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Martes, 21 de febrero de 2012

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Literatura

La visión literaria de los otros (3). Mahoma retratado con hostilidad

Por Ignacio Ceballos Viro

En estos últimos años se viene desmitificando la pacífica convivencia de las tres culturas (musulmana, judía y cristiana) en la península ibérica durante la Edad Media. Y al margen del clima popular que pudiera respirarse en las calles y los barrios, es palpable que hubo episodios de, por decirlo con suavidad, «incomprensión religiosa». No es ocasión de bucear en profundidad por estos mares, pero sí podemos detenernos sobre un botón de muestra suficientemente descollante.

Las biografías falsas de Mahoma están sostenidas por un corpus de leyendas surgidas de la intolerancia, la ignorancia, o la mera malicia. En España comienzan en la Historia de Mahometh pseudopropheta, anónima del siglo ix, y continúan hasta diluirse en tópicos xenófobos de la cultura popular actual.

Entre una cosa y otra, la literatura española no anduvo al margen ni de la tradición ni del insulto. Por ejemplo, en los villancicos navideños de las capillas y catedrales topamos con esas descripciones hostiles de Mahoma (José Subirá incluye uno ilustrativo de 1770 en su Bosquejo histórico del villancico). Yendo hacia atrás en el tiempo, en el acto III de la comedia Los esclavos libres de Lope de Vega (c. 1603), se expone también una versión injuriosa de la muerte del profeta, que hunde sus raíces mucho más atrás. Concretamente, en el tratado de Pedro Pascual (santo y mártir) Sobre la seta [secta] mahometana (c. 1300).

La versión de Pedro Pascual, al igual que sus casi coetáneos relatos de las Partidas alfonsinas o de los tratados antimusulmanes y antijudíos de Ramón Martí y de Pedro Alfonso, procede de tergiversaciones y «sobreinvenciones» malintencionadas de la sira y los hadices, es decir, la tradición oral islámica.

¿Y qué es lo que narra Pedro Pascual? La falsa biografía es muy detallada: desde las circunstancias de su nacimiento, su formación, sus primeros discípulos, su vida privada, hasta llegar al momento de su muerte. Mahoma es pintado como un cristiano descarriado, mujeriego y lujurioso; sus visiones eran engaños, sus milagros trucos, y murió de forma indigna. Una de las dos versiones que ofrece sobre su muerte, es la que contiene el motivo del «zancarrón de Mahoma», término con que se le llamó posteriormente, hacia finales del siglo xvi (momento de tensas relaciones con los moriscos) y que ha sobrevivido en diversos modos en la cultura popular. Cuenta en el capítulo 8 del título primero, que una judía tramó con su familia el asesinato del profeta:

Vino el maldito Mahomat a la dicha judía en la noche, así como era ordenado, e matáronle sus parientes de la judía luego que entró, así como lo habían ordenado, e de consejo e de mandado de la judía tajáronle el pie siniestro izquierdo, e entraron el cuerpo del mal día nascido en la corte de los dichos puercos, los cuales comiéronlo luego, así que ni hueso ni cabello fue fallado dél. […] E estonçe dixo la judía: «Oh, míos señores, sabed por cierto qu’el mío señor, rey e propheta Mahomat amó a mí mucho, e vino a mí en tal noche mucho en poridad e sin ome ninguno, e echose conmigo en el lecho, e nos durmiendo envió Dios sus ángeles e tomáronle por los braços, e començáronle de levar para los çielos, e yo, porque entendí que sería a mí demandado el cuerpo de mío señor Mahomat, eché las manos en el siniestro pie d’él, e los ángeles tirábanle suso, e yo tiraba por el pie facia yuso […], e dexaron el pie desayuntado del cuerpo con muy gran fuerça […]». E los creyentes de Mahomat creyeron a las palabras de la judía.

La tradición cristiana medieval inventó que ese pie, embalsamado, fue llevado a La Meca y metido en un arca que es sostenida por imanes, como si fuese arte de magia; y que todos los musulmanes lo adoraban. Este tipo de relatos injuriosos es muestra de la reiterada voluntad de consolidación de la propia identidad colectiva en oposición a las otras religiones, desde la España medieval hasta época reciente. El idioma también ha tenido palabras para el juego sucio.

Mucho tiempo después, en pleno siglo xx, dentro del canto de un romance vulgar tradicionalizado, recogido en las Islas Canarias, se escuchó:

Un día yendo a paseo     vido una hermosa judía
y intentó de acariciarlo     con caricias y con ruegos.
Ella lo cuenta a los suyos,      y entre todos dispusieron
en darle muerte a Mahoma.     Sayón y muerte le dieron;
lo hicieron en cuatro cuartos     y se lo echaron a unos cerdos,
que se lo comieron todo,     hasta los mismos cabellos.
Una pierna les quedó,     y esta pierna ¿qué hicieron?,
a La Meca la llevaron     y en mil uniones la unieron.
[………………………………]      onde la adora en silencio,
no sabiendo que él     estaba en los infiernos.

(Versión de El zancarrón de Mahoma, recogida por José Peraza de Ayala en Tenerife, entre 1930 y 1949, vv. 31-39)

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