CULTURA Y TRADICIONES
Por Concepción Bados Ciria
La juventud de doña Francisca Zubiaga transcurre en los años previos a la independencia del Perú y al establecimiento de la república. Participó en batallas y fue protagonista de la vida política durante un corto espacio de tiempo, que se inicia en 1825, año en que se casó con el general Agustín Gamarra (prefecto de Cuzco, que llegó a ser presidente del Perú entre 1829 y 1833). En efecto, su trayectoria política corre paralela a la del cuzqueño, de origen vasco, Agustín Gamarra, un teniente coronel del ejército español que, decepcionado con la conducta realista, optó por presentarse ante el libertador San Martín, en 1821, para ponerse al servicio de la causa emancipadora. Cuando llega Simón Bolívar a Perú, deposita su confianza en Gamarra y le encomienda la misión de mantener la independencia en el país. Francisca, entusiasmada por el poder, con apenas veinte años, se compromete con Gamarra, a pesar de que era mucho mayor que ella.1 Los cronistas de la época la describen como hermosa y tremendamente seductora, unas cualidades que puso al servicio de las ambiciones de su marido y de las suyas propias. Habitualmente vestía una capa larga que había pertenecido a su padre y era, según diversas fuentes, una mujer que no se ajustaba a un patrón de comportamiento tradicional.
Como esposa del presidente, entre 1829 y 1833, luchó junto a él para mantener viva la causa de la independencia. Llegó a vestirse con un uniforme de coronel y se puso al frente del ejército durante el malestar social que siguió a la independencia. En 1831, tuvo que defender el puesto de su marido, que se encontraba en la guerra, frente a los acosos y rivalidades del vicepresidente La Fuente. Francisca Zubiaga interceptó mensajes y cartas, ejerció el control sobre la prensa y envió a las fuerzas armadas para capturar a La Fuente. Sin embargo, poco después, Gamarra y Zubiaga entraron en Arequipa, el 27 de abril de 1834, exigiendo recaudar dinero y amenazando a los arequipeños más ricos con encarcelarlos e imponerles sanciones si no lo hacían. Este hecho suscitó el desacuerdo de la mayoría de sus habitantes, que prometieron su apoyo al líder de la oposición, José Luis de Orbegoso. El 18 de mayo de 1834, las fuerzas de Orbegoso tomaron la ciudad y la población se unió para expulsar a Gamarra, quien se exilió en Bolivia, mientras que su mujer, principal objetivo del odio popular, disfrazada de hombre, huyó a Chile. Exiliada y pobre, murió de tuberculosis en Valparaíso, el 8 de mayo de 1835, a los treinta y dos años de edad.2
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