Cine y televisión
Por Inmaculada Álvarez Suárez
Hola ¿estás sola? (1995), la primera película de Icíar Bollaín, narraba la historia de dos jóvenes amigas de veinte años, la Niña y Trini, que abandonan su ciudad de provincias natal y su hermético círculo familiar para lanzarse juntas a un viaje en el que buscan prosperar y encontrarse a sí mismas. Las dos parecen perderlo casi todo (familia, trabajo, amante ruso) para finalmente sentir que lo verdaderamente importante es encontrarse a sí mismas en esas pérdidas y en la fraternidad de su amistad. Con las actrices Silke y Candela Peña como protagonistas, la película construía un modelo de mujeres que buscan su propia realización por encima de convencionalismos y que, al mismo tiempo, no huyen de ellos, sino que buscan respuestas a su conflicto personal a través de nuevos caminos. El filme, realizado como road movie que sigue el viaje de las dos chicas, reflejaba las inquietudes y conflictos de esa nueva generación de mujeres españolas que intentaba romper con las ataduras que tuvieron sus madres, educadas en un restrictivo régimen político y social; al mismo tiempo, durante ese viaje de búsqueda, mostraba la pérdida de la inocencia y de las ilusiones, que llevaba a la necesidad de iniciar cambios. Con esta obra, Bollaín no sólo reflejaba la transformación de la sociedad española en lo relativo a modelos de género, sino que también ofrecía un cine de compromiso social a través de la esperanzadora visión del futuro al final de estos cambios: Bollaín aboga aquí por la necesidad de un futuro escrito por las propias protagonistas.
En su siguiente película, Flores de otro mundo (1999), la directora plantea de nuevo la narración fílmica a través de las experiencias de vida de tres mujeres, para acercarse esta vez a la realidad de la inmigración, de su integración y rechazo en la sociedad española. La joven cubana Milady, la dominicana Patricia y la ya madura Marirrosi, enfermera en Bilbao, llegan al pueblo castellano de Santa Eulalia en respuesta al llamamiento de los solteros del lugar para poder encontrar esposa. Acercándose a las experiencias de adaptación-exclusión de estas mujeres (por su condición racial e inmigrante), Bollaín elabora un juego de construcción de otredades: el tradicionalismo conservador frente al proceso de renovación social y cultural que implica la llegada de inmigración; y la (re)visión de las actitudes de género, donde la subjetividad femenina reivindica una identidad propia y lo masculino se representa con una nueva sensibilidad que huye de estereotipos machistas. Como el personaje de Damián, que interpreta Luis Tosar, un agricultor casado con la dominicana Patricia, que hace que su anciana madre no sólo acepte sino que también adquiera las costumbres culturales de su esposa (termina cocinando un guiso dominicano y escuchando merengue en casa). Las mujeres inmigrantes no son en realidad flores de otro mundo, parece consignar como mensaje didáctico social esta película.
Luis Tosar es también el protagonista de la película Te doy mis ojos (2003), reconocida ese año con dos premios Goya: a la Mejor Película y a la Mejor Dirección. Con la actriz Laia Marull en el papel de Pilar, la esposa de Antonio, la película narra una historia de violencia de género y refleja la crueldad del proceso de malos tratos de Antonio hacia Pilar. Una vez más, Icíar Bollaín denuncia un conflicto social y cultural de la sociedad española del momento; en esta ocasión, muestra la frustración que aparece ante la violencia machista sin sentido y la necesidad de encontrar soluciones para detenerla.
Esta misma propuesta, la necesidad de encontrar solución a un conflicto de género, es la base sobre la que se sustenta su siguiente película, Mataharis (2007). Las tres mujeres protagonistas, Inés (María Vázquez), Eva (Najwa Nimri) y Carmen (Nuria González) son detectives que necesitan compaginar su profesión con su papel como parejas y madres, su vida laboral con la supervivencia de sus matrimonios y la educación de sus hijos; un dilema cotidiano en la vida de muchas mujeres, que también refleja la soledad y la fragilidad del ser humano. La directora de nuevo construye una historia de denuncia social a través de personajes reales cercanos al espectador, que, en medio de su conflicto, reclaman siempre una salida.
Este también es el hilo conductor de su reciente estreno, También la lluvia (2010), que, por vez primera en su cine, traslada la acción a Bolivia para reflejar los abusos de la colonización española y la lucha de los campesinos por el agua. Es esta también una historia comprometida con lo social y con los pequeños grandes dramas cotidianos que Icíar Bollaín sabe siempre reflejar en sus películas.