ARTE / Claroscuro
Por Mónica Ann Walker Vadillo
Mucho se ha criticado la serie mitológica de Los trabajos de Hércules creada por Zurbarán para el Salón Grande del Buen Retiro. Muchos pensaban que este «pintor de frailes» era incapaz de llevar a cabo temas profanos. En 1701 los diez lienzos de la serie fueron inventariados sin autor, lo que llevó a varios investigadores a cuestionar su autoría. Unos pensaban que eran de la mano de Zurbarán, pero otros no le adscribían sino cuatro de las diez obras. La autoría de todas ellas no se atribuyó definitivamente al pintor extremeño hasta 1945: el descubrimiento de unos documentos que recogían la transacción en la cual se pagaba la cantidad de 1100 ducados a Zurbarán por diez cuadros de los trabajos de Hércules, más dos cuadros del socorro de Cádiz, no dejó lugar a dudas sobre quién había sido el autor de estas obras. Aunque el secreto del éxito de Zurbarán en este campo mitológico resulte algo complejo, al parecer, el artista halló de manera exitosa la forma de renovar las fórmulas pictóricas tradicionales con un naturalismo innovador.
En esta ocasión nos encontramos con el tema de Hércules separando los montes Calpe (hoy el Peñón de Gibraltar) y Abyla (hoy el Monte Hacho, en Ceuta), o lo que es lo mismo, Hércules creando el Estrecho de Gibraltar. Estos montes son los conocidos como «columnas de Hércules», y delimitaban el territorio conocido (Non plus ultra) en la Antigüedad. Hay que señalar, sin embargo, que esta historia, igual que la de Hércules luchando con Anteo, no forma parte en realidad de los doce trabajos de Hércules: se trata de otra aventura secundaria que le acontece al héroe después de que el rey Euristeo le pidiera que trajera vivas las vacas de Gerión (ser mitológico de tres cuerpos que vivía en Eritía).
En el cuadro, la figura de Hércules no deja de ser tosca y realista, ejemplo de ese naturalismo innovador que caracteriza a Zurbarán. Tanto la composición como los efectos de la perspectiva y la iluminación se han resuelto con gran acierto, sobre todo si pensamos que este cuadro está concebido para verse desde abajo. Zurbarán nos muestra en el lienzo la gran fuerza de Hércules separando los dos montes rocosos. No obstante, la posición del cuerpo y de los brazos de Hércules hace que parezca que más que separar lo que hace es unir los dos montes. Esto se ha explicado como un gesto que simbolizaría al rey Felipe IV uniendo sus dominios. Esta asociación no es de extrañar ya que, al fin y al cabo, Hércules era el padre mitológico de la monarquía española. La historia de las columnas de Hércules pasaría a integrarse en el escudo de armas de la dinastía de los Austrias y a día de hoy estas columnas forman parte no sólo del escudo de las ciudades de Cádiz y Melilla, sino que también aparecen en el emblema de Andalucía y en el escudo de España.